<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944</id><updated>2011-07-07T13:16:31.782-07:00</updated><title type='text'>Si me ahogo en tus julios</title><subtitle type='html'>&lt;i&gt;...a mí baja desde el vergel de tu peinado denso
&lt;br&gt;
frescura de rebozo y de tinaja:
&lt;br&gt;
y si tirito, dejas que me arrope
&lt;br&gt;
en tu respiración azul de incienso
&lt;/i&gt;
&lt;br&gt;&lt;b&gt;Ramón López Velarde&lt;/b&gt;
&lt;br&gt;
Tus comentarios serán leídos.
&lt;br&gt;
&lt;i&gt;&lt;b&gt;María Dolores Bolívar&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;
&lt;a href="mailto:quelejosestoy@gmail.com"&gt;quelejosestoy@gmail.com&lt;/a&gt;</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>20</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-116464699719184864</id><published>2006-11-27T08:51:00.000-08:00</published><updated>2006-11-27T09:04:34.740-08:00</updated><title type='text'>Motivo para que nuestro oficio se entristezca</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Por María Dolores Bolívar&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este 23 de noviembre el periodismo mexicano perdió a un grande que se opuso desde todos los frentes a la corrupción que ha llevado a nuestro país por el camino de su crisis actual. Sin filosofías complicadas ni frases rimbombantes J. Jesús Blancornelas se dedicó a reportar la realidad, como testigo que era, en tiempos negros. Y tuvo el valor de no quitar, literalmente, el dedo del renglón. Semana a semana apareció el desplegado condenando a los sicarios que le quitaron la vida al gato Félix y, después, a Francisco Ortiz Franco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo lo admiraba mucho a Chucho, a quien con confianza nos referíamos todos los de mi generación. El fue como un maestro cuya materia, de haberse impartido formalmente, habría sido la honestidad. Ser honesto no es fácil en el oficio periodístico, pero Blancornelas tenía la doble virtud de ser honesto e implacable con los que no lo eran. Con esas dos virtudes habría bastado, pero él era además un hombre de análisis y reflexión lúcidos. Su lucidez y habilidad para decir las cosas lo llevaron a convertirse en un hombre peligroso. El sabía que sus días estaban contados y los vivió a cabalidad denunciando los nexos entre gobierno y narco. Para él, la manera como funciona el narco en México, con casi total impunidad, no era sino el síntoma fatal de regímenes a los que había que combatir, de frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, de frente, peleó siempre. Su semanario es ejemplo de persistencia, honestidad, pasión y compromiso con su oficio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Chucho contaba con algo más agudo y valioso, el humor. Su gran sentido del humor, tal vez, fue su chaleco parabalas. Pocas plumas en México han dominado el humor entreverado con palabras serias. El humor de Blancornelas no era un humor negro. Era humor que abordaba una realidad negra… a manera de talismán de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evoco la última comunicación que intercambié con él, que respondía a quienes lo buscaban con la sencillez y la gracia de quien corresponde con un amigo.  En aquella ocasión yo había dedicado mi columna a un comentario acerca de un dato expuesto por don Jesús en su columna semanal en un texto titulado “Títulos sin estudiar”. Se refería en aquel texto, de pasada, al título patito de una funcionaria de Zacatecas. La coincidencia con ese mundo interior de México me llamó a reflexionar y le envié mi texto, que ahondaba en el asunto, acaso deseosa de recibir su aprobación. La respuesta no se hizo esperar. Al día siguiente me respondió y yo me sentí muy feliz al saber que leía mis comunicaciones. ¡Vaya honor! Aquí transcribo el texto en cuestión, tan solo para transportarme, a manera de ensoñación, hacia aquel último momento de intercambio con una de las mentes más lúcidas de las que habremos de tener noticia, por largo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                               &lt;strong&gt;*  *  *&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿En qué se habría doctorado Sancho Panza?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por María Dolores Bolívar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Zacatecas dolió el callo a Esperanza Avalos. Ocurre que la susodicha ostenta un doctorado (¿patito?) de la Pacific Western University y hoy refuta lo dicho por Jesús Blancornelas en La Crónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://201.120.22.246/2005/09/10/capital4.htm"&gt;Aclara Esperanza Avalos obtención de doctorado (Periódico Imagen)&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¡Conciencia tranquila!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La doctora Ávalos reclamó espacio en la prensa para replicar indignada que obtuvo, indeed, título doctoral de empresa universitaria que doctora “sin asistir a clases de forma regular” y cuya oferta educativa, vía Internet, “permite la compra de material necesario y la presentación de trabajos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ávalos dice, incluso, que sus estudios “están registrados ante las autoridades educativas en Estados Unidos y en la Secretaría de Salud (SSA)”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin ambages declara “estoy al frente de los Servicios de Salud y no me dedico a ninguna actividad política”. Y puntualiza con acierto,&lt;br /&gt;”el contar o no con un doctorado no es un requisito indispensable para cubrir algún cargo de primer nivel en el gobierno estatal.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doctorada con tesis “Desmosonosis y Autoinmunidad”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dirigí al sitio web de la PWU. Busqué en la lista de académicos los nombres de quienes habrían dirigido tal tesis (¿médicos, microbiólogos?). Vaya de muestra este botón:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eric Heckscher, Ph.D. &lt;br /&gt;Foreign Language Administration &lt;br /&gt;D.Sc. Psychology, Université de Montréal &lt;br /&gt;B.Sc. Psychology, Stanford University &lt;br /&gt;Diploma, Applied Linguistics, Institut Colonial et Commercial de Bruxelles&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se afirma que Eric tenga doctorado, sólo las siglas Ph.D. Tal vez sólo se llame Philip Desmond. Analicemos sus otros títulos: D. Sc Psychology, por la Universidad de Montreal. D ¿será diplomado por allá? Luego tiene B. Sc, también en Psicología, por Stanford University ¿Se refiere a B.S, en Ciencias? ¿Hizo acaso Pre Med (premedicina)? Nadie que concluyó Pre Med en Stanford diría tener un B.Sc. Para sorpresa mía, no sigue un doctorado sino otro “Diploma”, en Lingüística Aplicada, por el Institut Colonial et Comercial de Bruxelles (les debo el dato pues al parecer no existe). Heckscher aparece como profesor y como Adjunct Faculty, o sea profesor de asignatura (sin planta, doble rol). Ahí dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ERIC E. HECKSCHER, Ph.D. &lt;br /&gt;Beverly Hills, CA &lt;br /&gt;Psychology, Social Sciences, Humanities, Behavioral Sciences, Education &lt;br /&gt;Education Administration, Management, Public Administration, Engineering Management&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Orale! Dr. Heckscher imparte cátedra en psicología, ciencias sociales, humanidades, ciencias del comportamiento, educación, administración educativa, administración, administración pública y administración de ingeniería (whatever that means). No se sabe si es doctorado por Beverly Hills, CA o si ahí vive. NO puedo sino preguntarme ¿cómo asesoraría a la doctora Avalos, quien, a distancia, realizó y compró materiales para la realización de la tesis “Desmosonosis y Autoinmumindad”, alguien que jamás habrá atendido caso alguno de autoinmunidad?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Por cierto, Desmosonosis no existe, ni en el diccionario de la Real Academia del Español, ni en ningún otro diccionario, incluídos los de medicina, términos médicos y hasta el común Manual Merck &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya de puntillosa y enfadosa, busqué si había otro profesor médico, microbiólogo o científico digno de ese comité doctoral y encontré a TAE WHA KANG, también “Ph.D” por West Covina, CA, quien con tal aval imparte las epecialidades de Biología, Tecnología Médica, Biología Molecular y Microbiología. Ningún hijo de vecino resultó este señor, salvo por el detalle de que en West Covina no hay una universidad con ese nombre, ni menos una que tenga la alta misión de preparar microbiólogos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí la lista de universidades cercanas a West Covina:&lt;br /&gt;Citrus, Mount San Antonio, Rio Hondo, Whittier y Pasadena, todas en la categoría del Community College (universidades que sólo imparten los dos primeros años de estudios o el llamado “tronco común” y nunca un doctorado.) La lista crece cuando solicitamos las universidades ubicadas en un radio mayor, de varias millas, Azusa Pacific, Cal Poly, Calstate Fullerton, Claremont McKenna, Claremont School of Theology, Immaculate Heart College, Occidental College, Osteopathic School of Medicine, Pitzer College, Royken College, University of La Verne y Woodbury University. No existen West Covina State, UC West Covina o West Covina University.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;De títulos a títulos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras preguntas quedan: ¿Por qué registró Avalos su título en la SSA y ante autoridades de Estados Unidos y no sacó su registro de profesiones o el certificado de equivalencias en la Secretaría de Educación Pública? Andaba desorientada o elude de ese modo demostrar que se brincó el trámite de la revalidación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ella bien aclara “la Pacific Western University es una organización educativa que otorga la posibilidad de doctorarse sin la necesidad de asistir a clases de forma regular”, algo que muchos querrían ver convertirse en política educativa de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) o ya lo es.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Cierto es que no se requiere que tenga doctorado para ocupar un cargo público, así hubiese sido ése el criterio de Amalia García al verse deslumbrada por la trayectoria de Ávalos, ella que tal vez no haya concluido su propia licenciatura. Por el estilo estarán las distintas carteras: En la subsecretaría de gobierno, donde se requiere a alguien que sepa de comunidades y necesidades del pueblo, hay uno de la capital, que hasta ahora no había pisado el campo. En agricultura uno que no distingue entre raya de zebra y mancha de vaca. La señorita de Finanzas posa desnuda para un pasquín local, la de Turismo y cultura escribe Zacatecas con “s”, la síndica del ayuntamiento de Zacatecas, impuesta por la cúpula del partido de la gobernadora, se adueñó del legado de Manuel M. Ponce y lo mantuvo y usufructuó por años en su casa. A nadie extrañaría ya que salgan con que tienen doctorado “honoris causa” de Moldavia o de Zetina en Bakersfield. Y no habría más que contar el número de tesinas que declara Ricardo Monreal Avila, exgobernador, en su currículo, encaminadas éstas a obtener el doctorado de la UNAM, que cursó, según describió él mismo para la prensa, durante doce años que se desempeñó en cargos públicos que incluyeron el senado y una gubernatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Francamente, lo que me extraña es que Ávalos no cuente con un título doctoral de la UAZ, institución local que los prodiga, también sin asistencia regular, a diestra y siniestra; o en la Complutense de Madrid, institución que avasalla en record de zacatecanos doctorados por allá, más que madrileños o que cualquier otra nacionalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Y el comentario que me enviara Jesús Blancornelas, hoy mi tesoro:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias por su amable correo y datos. Ahonda más que mi amigo informante. Ese si con maestría y doctorado reconocidos. Tanto así que está en las Naciones Unidas.&lt;br /&gt;Le solicito autorización para utilizar parcial o totalmente su texto en el futuro.&lt;br /&gt;A la vez una pregunta: ¿Donde leyó mi artículo? En Zacatecas los periódicos no me quieren.&lt;br /&gt;Saludos cordiales.&lt;br /&gt;J. Jesús Blancornelas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-116464699719184864?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/116464699719184864/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=116464699719184864' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/116464699719184864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/116464699719184864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2006/11/motivo-para-que-nuestro-oficio-se.html' title='Motivo para que nuestro oficio se entristezca'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-116464598576953176</id><published>2006-11-27T08:40:00.000-08:00</published><updated>2006-11-27T08:51:08.270-08:00</updated><title type='text'>Literatura y periodismo o viceversa</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Por María Dolores Bolívar&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;em&gt;Ponencia ofrecida en el foro Literatura y Periodismo, el 16 de noviembre en la IX Feria Internacional de Libro de Puerto Rico.&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;em&gt;Escritores y periodistas o periodistas-escritores somos solamente testigos y las palabras y las imágenes son nuestro instrumento. Yo no concibo un poema, un relato, un texto cualquiera que no trasmita esa fugacidad del tiempo en &lt;br /&gt;todos sus matices… esa que inicia con una plana húmeda, recién impresa de mañana y concluye a eso de las doce, sacando brillo a cualquier ventanal.&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La literatura, la buena literatura, no se limita a tiempos o lugares. Así nos lo enseñaron nuestros buenos maestros. Quien lee &lt;em&gt;La Ilíada &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;La Odisea &lt;/em&gt;sabe que el viaje a Ítaca está ocurriendo siempre. Todos somos Ulises, como lo demostró magistralmente James Joyce. La literatura, me atrevo a afirmarlo, es una manera de testimoniar sin fechas o con fechas emblemáticas. &lt;em&gt;Las muertas&lt;/em&gt;, una extraordinaria novela del autor mexicano Jorge Ibargüengoitia, fallecido trágicamente en 1983, le fue inspirada a su autor por una nota periodística. La empatía generada alrededor de los personajes involucrados en un crimen colectivo en un prostíbulo del Bajío, en el interior de México, lo conseguía el novelista, mientras la nota roja lo dejaba en el segundo plano, en el nivel de insensibilidad que a menudo nos generan los hechos de la realidad. Las poquianchis, todavía hoy, son recordadas no por sus vecinos o clientes o por los descendientes de estos, sino a partir de los personajes que Ibargüengoitia argumentaba se habían quedado cortos ante la escalofriante realidad que en vida los envolvió en una trama de miseria y crimen. Igual ocurrió con &lt;em&gt;María de mi corazón&lt;/em&gt;, el cuento-guión del colombiano Garbriel García Márquez. El relato de cómo una avería llevó a María a ser forzada a permanecer en un reclusorio de enfermos mentales no era sino la alegoría del mundo ineficiente, arrogante y corrupto de las burocracias latinoamericanas. Una mujer, solicita ayuda en una carretera, en medio de un aguacero, y es recogida por un autobús que transporta a pacientes a una clínica perdida en un poblado entre Puebla y la ciudad de México. La insensibilidad del personal de aquella institución generó esta historia fabulosa. Otra vez, el escritor la volvió creíble, verosímil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El periodismo resulta a veces inverosímil de tan insólito. Ya en el siglo XIX los escritores gustaban del periodismo como de un ejercicio cotidiano necesarísimo, uno diría alimento para sus conciencias. Angel del Campo, José Joaquín Fernández de Lizardi, Ramón López Velarde, se forjaron en la brega de la palabra diaria. Y no solo las proezas de alta envergadura intelectual, como lo fueron las hazañas independentistas o revolucionarias sedujeron a los capos de la pluma y los impresos. Curiosamente, uno diría que las virtudes literarias tienen, entre otras cosas, poderes adivinatorios. Y la realidad los nutre y de sobra. Una realidad abigarrada de la que André Bretón dijo ser surrealista, sin pensar para nada en los alcances de aquella frase acuñada a manera de presagio. No hace mucho mi país, México, se vio sumido en una trama tragifantástica en donde los personajes eran una médium, una señorita que prestaba servicios sexuales a domicilio, un presidente, su hermano, un funcionario de conciencia negra, etceterilla. A cada vuelco en esa línea argumental tan barroca, las sorpresas fluían para asombro de todos. La línea entre realidad y ficción se volvía frágil, qué digo, inexistente. Muchos en México al recordar aquel episodio lo encuentran cosa de risa. La osamenta que se presumió pertenecía al político desaparecido, en aquel caso, fue retratada por la prensa, que aguardaba su descubrimiento como quien reporta los hechos contundentes de una historia ordinaria. Los lectores insensibles pensaron que se trataba de un montaje y se negaban a meterse en la horripilante trama como si no estuvieran ya ahí, bien adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestra literatura los visos trágicofantásticos no faltan, entreverados estos de manera increíble, con la realidad que se urde a partir de ellos… o viceversa –ya comencé con esa paradoja de literatura-periodismo y viceversa. El cacique que colocó en nuestra imaginación Carlos Fuentes, en &lt;em&gt;La muerte de Artemio Cruz&lt;/em&gt;, se parece a todos nuestros caciques, pasados y presentes, pero sobre todo a Fox, sólo que éste todavía no acaba de morir solitario. En su realidad oximorónica, está inerte –o muerto en vida-, como si fuera mero personaje de novela, mientras real es aquel, emanado de la página. Algunos me dirán que todavía no hay una novela que retrate bien al personaje de Andrés Manuel López Obrador. Acaso sí la hay, pero a fragmentos, en los antagonistas pretensiosos de toda buena línea argumental… inventándose páginas de acciones predecibles pero imaginativas como cualquier insólito personaje de reto cuya trama estuviese ya escrita de antemano y cuyos giros un buen guionista tuviese que enmendar para no defraudar al público expectante. Existirá, por ahí, la crónica de la muerte de un candidato anunciado, que se portó como divina garza hasta el día en que los votos apenas si alcanzaron para la urdimbre de un compló (cariñoso de complot) entre historia y relato o prensa contra cabellera sobre la superficie de un cuadrilátero ribeteado de banderas y pancartas de todos los colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que &lt;em&gt;Pedro Páramo&lt;/em&gt;, como yo digo en mi libro varias veces, no se detuvo en los lindes estatales para inventar Comala. Comala es nuestros pueblos abandonados, en plural, nuestro campo que muere o se desangra, alegóricamente, por los desfalcos y crímenes que de manera pulcra comete contra él la globalización… convirtiéndolo en ese sitio del que casi todos ya fuimos expulsados, como del Edén, para irnos en la brega del migrante, de aquí para allá. Errantes, en diáspora, iban las almas de la novela de Pedro Páramo, como filtradas por entre las grietas de las rocas y el moho que deja atrás un día de lluvia en que los ecos cobran vida. Errantes, en diáspora, fueron &lt;em&gt;Las almas muertas &lt;/em&gt;de Nicolás Gogol, en venta cual lotes de objetos o mercancías, ya ánimas. Errantes, en diáspora, vamos hoy todos los hispanos… con nuestro idioma y nuestra mentalidad -¿identidad errante?-a prueba del tiempo y de los depredadores culturales. Comala es una realidad que nos abraza a todos, no importa si en Añasco o en Celaya, en Mazapil, San Pedro Sula, La Quiaca o Potosí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escritor y periodista son ambos una sola cosa, testigos sensibles, testigos que aprenden a mirar con ojo detallista y afán de memoria. Que es a partir de la memoria que preservamos las claves de nuestra cultura. Yo acabo de mirar, hace unos días, el fabuloso documental fílmico de la revolución mexicana de 1910 llevado a la pantalla por el ingeniero Salvador Toscano, pionero del cine mexicano. Siendo casi un niño, como ayudante de su tío periodista, Salvador anduvo en la línea de fuego. De fines del siglo diecinueve en que nació, al año en que dejó México, luego del asesinato de Pancho Villa. Lo visto y vivido quedó plasmado en las vistas que le sirvieron para testimoniar su tiempo. Gracias a eso nada de lo que nos cuentan sobrepasa lo que ocurrió. Así podemos percatarnos que cualquier novela, cualquier relato, se queda siempre corto cotejado con la realidad que intenta representar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el tiempo que trabajaba en el periódico &lt;em&gt;Imagen&lt;/em&gt;, en la ciudad de Zacatecas, conocí y compartí espacio con el editor de la nota roja, el señor Arturo. Don Arthur tenía un talento especial para contar los dramas cotidianos con mucha gracia. Su sentido del humor se agregaba a aquel talento y convertía, sin más, ese mundo de datos colocados con acierto para intrigar a sus lectores, de manera inmediata.  No facilota sino inmediata, genuina, espontánea. ¿Pero por qué la nota roja, que sedujo también a García Márquez, a Ibargüengoitia, tal vez a Gogol para inspirarse en ella? Al cabo de algunos años de vivir, literalmente, en una redacción, lo comprendí. La nota roja era más benévola, más verosímil, más infinitamente humana que aquella que a diario llenaba encabezados y columnas de las secciones principales. La política, la corrupción, las corruptelas, la mediocridad, otra vez, las corruptelas, las deudas internacionales, el teatro de las relaciones internacionales, las injusticias internacionales parecían inverosímiles, insólitas, inhumanas. Y fue entonces que comprendí la relación real entre periodismo y literatura. Que no es ficción este mundo donde se amanece convencido de que no somos sino insectos… ¿Recuerdan aquello de Kafka… hoy no sabríamos si realista o fantástico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En &lt;em&gt;Las muertas&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;las poquianchis &lt;/em&gt;de Ibargüengoitia, lo llevan a uno a trascender lo inhumano de la cotidianidad.  Ibargüengotia nos lleva a ver los varios ángulos que convierten a una sociedad cualquiera en una que produce lenonas, tratantes de blancas y asesinas.&lt;br /&gt;En &lt;em&gt;Las muertas&lt;/em&gt;, Ibargüengoitia registra aquella historia de madrotas, aparejada con la sociedad con la que conviven y a la que nadie acusa. El caso de las poquianchis fue un escándalo nacional durante meses y, sin embargo, no había quien lo pusiera en la dimensión en que lo puso el escritor, tomándolo de la prensa, como ocurre con tantas notas que mueren en un recuadro mínimo del diario. En la novela aquel recuadro adquirió otro carácter. Ibargüengoitia lo volvió creíble. Sus madrotas siguieron siendo unas asesinas, pero a la vez se trató de mujeres comunes y corrientes que comían pan de dulce, que dormían, que platicaban. De los expedientes de sus crímenes, a los que tiene acceso directo Ibargüengoitia, extrajo la parte dura y los volvió sensibles, verosímiles. Mejor, nos puso ante los ojos al mundo, el nuestro, cotidianísimo, que prohijaba tales dramas para luego ocultarlos tras nuestra insensibilidad de lectores a vuela ras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay fronteras entre literatura y periodismo, cuando sabemos leer la realidad y representarla con humildad y fieles a cuanto de sensible se desborda por fuera de las páginas impresas. Escritores y periodistas o periodistas-escritores somos solamente testigos y las palabras y las imágenes son nuestro instrumento. Yo no concibo un poema, un relato, un texto cualquiera que no trasmita esa fugacidad del tiempo en todos sus matices… esa que inicia con una plana húmeda, recién impresa de mañana y concluye a eso de las doce, sacando brillo a cualquier ventanal. Que escriben escritores y escriben periodistas, pero escribir es el medio que nos lleva a sentir y recordar sintiendo lo que la vida diaria hace que olvidemos, unos segundos antes de sentir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-116464598576953176?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/116464598576953176/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=116464598576953176' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/116464598576953176'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/116464598576953176'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2006/11/literatura-y-periodismo-o-viceversa.html' title='Literatura y periodismo o viceversa'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-116464557680404368</id><published>2006-11-27T08:35:00.000-08:00</published><updated>2006-11-27T08:39:36.826-08:00</updated><title type='text'>San Juan y Zacatecas: un tremendo apretón de manos</title><content type='html'>Todo empezó en San Diego, por la noche, y terminó en una plazuela de San Juan, donde por primera vez probé los heladitos de parcha, piña y coco, mientras descansaba el coquí, el poeta laureado de las noches portorriqueñas. Preparaba con ansia el debut de Zacatecas polvo y luz, pero la luz desbordó en cada poro cuando, involuntariamente y a través de mí, San Juan y Zacatecas se daban tremendo apretón de manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Guiada por Morbet Morales&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de una breve parada en Charlotte, donde me recibió en medio de la noche, de risa maliciosa, el pirata Morgan, junto a la tequilería que me dice lo mucho que el viento ha llevado y traído a esa ciudad sureña, arribé a San Juan, por fin, isla de encantos (en plural). En el aeropuerto me esperaba una joven que reitera en mis haberes testimoniales que nada hay de más útil en cualquier parte del mundo que la asesoría certera y preclara de un taxista o una taxista –Morbet es la primera mujer que con ese oficio aparece entre mis cuadernos-. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me dijeron que buscara a una mujer morena, declaró al tiempo en que sostenía media hoja de cuaderno con mi nombre completo escrito a mano, entonces creí que usted era de color. ¿Es usted escritora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de esa línea, nos adentramos en la ruta de nombres familiares que todavía no acabo de poner en orden de aparición, Bayamón, Caguas, Río Piedras, las Toas, Las Vegas Santurce, Guaynabo. Y de sonidos familiares que me llevaron, vaya una conexión, a Zacatecas; aquella portezuela que no cerró al primer tirón, el rechinido de la carrocería y el relato de cómo el policía le dio, a dos turnos, 2 minutitos nomás para buscar a la doctora de color venida de California.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Acaban de inventarse un nuevo impuesto&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El taxi de Morbet es su modus vivendi –universal encuentro con la vida real, al nivel del asfalto que pisamos todos. A esta isleñita le pusieron Morbet, que es francés, por una amiga de su madre. De chica vivió en Texas, pero volvió y, desde entonces, reside en San Juan. Ahora jura que nunca irá a vivir a Estados Unidos. Para sellar su juramento me cuenta el caso de unos conductores irreverentes a los que vio en Nueva York ignorar a un joven que repartía volantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Imagínese, a esta distancia, dice extendiendo el brazo hacia un punto imaginario de afuera de su ventanilla, y no, por lo menos, saludarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al tiempo que declaraba su amor por Puerto Rico, una tonada clásica la puso en otra frecuencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya voy pal coliseo, aquí la traigo conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Morbet me enteré que hay nuevo impuesto del 7%, que se achica el mínimo, que los atascos aumentan con la feria en su punto, salvo por el detalle de estar localizada en una zona no muy buena de la ciudad. Y tras la entrada de descarga y el soplido gélido del aire acondicionado, entré al Roberto Clemente por la puerta de atrás, con todo y equipaje, a unirme al resto de mi delegación que recibió, oronda, el premio a la más comprometida y organizada, nada menos que el día de la inauguración de la IX feria del libro 2006.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Con Mili de coordinadora y a temperaturas que me parecieron bajo cero&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El público, de entrada, me dejó más que perpleja. Un grupo de chicos de escuela superior que cursan Taller de periodismo y un grupo de paseantes, lectores, que se esmeran en abordar a los presentadores, Manuel Murrieta, David Muñoz, Rafa Acevedo y Mayra Montero, sí, sí, la autora de La trenza de la hermosa luna. Qué temas, qué caminos, qué estrategias.... David se las canta sereno; hay que escribir de todo pero con la microvisión de quien valora lo humano por sobre todas las cosas. La cubanorriqueña o puertocubana acabó metiéndonos en el mundo de sus entrevistas, como aquella en la que Charles Aznavour trataba de llevarla hacia la gris contundencia de un París inhabitable, en su parecer… Y David, ay David, se pasaba el micrófono con Juan Antonio y Manuel, de un lado para el otro, al tiempo en que interactuaba con su audiencia, a tono sabrosón y muy activo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino al están de Orbis me enteré de algunos pormenores de la feria, de que veríamos –tecnología mediante- el testimonio de Pepín Bello, el último amigo vivo de Federico García Lorca- y todo orquestado por un grupo granadino que contiende que el poeta primigenio de nuestra hispanidad no nació en Fuente Vaqueros sino en Valderrubio (también llamada Asquerosa). Intercambiamos libros y memorias letradas y nos seguimos por el rumbo de la poesía que despedían otros estanes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tuve que correr para la foto del recuerdo, que me tomó, ni más ni menos que Christopher Lebrón, un jovencito de rostro amable y apellido de poeta. Yo se lo descubrí, para su entera sorpresa. La susodicha foto luce aquí, con Mayra y abriría esta serie de quinientas cuya elocuencia no pretendo poner en palabras. Las prometo en galería, próximamente. El resto de ese primer día larguísimo, transcurriría del bosque de los árboles barbones y los picos solemnes a la fuente de los orígenes, no sin pasar por el Morro, la puerta de San Juan y todo en tremenda competencia con Manuel y David por la mejor fotografía. Clic por aquí, clic por allá y unos y otros nos tomamos y tomamos lo visto; entre luces y callejas de adoquín muy bien acicaladas y un montón de policías piernones, en bicicleta, que nos pasaban de frente y de costado, vigilantes de este bastión del turismo caribeño, el viejo San Juan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedó pendiente una entrevista con Lolita Lebrón y no descansaré hasta hacerlo, para ello dejé el encargo a Mario Alberto y a Nidia, del periódico Claridad. Mis palmas a la hospitalidad perfecta se las lleva Mili, una boricua con aire de Ava Gardner, o debería decir una Ava Gardner de sangre borincana que no dejó de sonreír y que cumplió a cabalidad, hasta el minuto cero de la partida, con la tremenda generosidad del mejor anfitrión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Amanecer en un jardín cuyo protagonista espiritual es Don Pedro Rochet&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siéntase con confianza, para cualquier cosa, ocúpeme, porque a mí lo que me gusta es servir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La charla inició cuando inquirí por un instrumento impresionante hecho de madera e hilo. Es una podadora a base de dos palos y una sierra tijera. Minucioso y displicente don Pedro me explicó su mecanismo rudimentario pero efectivo. Y sin saber por qué caminos me estaba ya contando de su vida en Manhattan, de bebé, cuando perdió a su madre y lo trajeron a vivir a Mayagüez, al cuidado del padre y de la abuela paterna. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fui operador de radio, consejero de adictos, restaurador y hoy, soy jardinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace cinco años que tiene a cargo esta tremenda arbolada del seminario conciliar. Don Pedro saluda a las plantas cual si fuesen humanas, les pregunta si están tristes, si les falta algo. Me enteré que Don Pedro estuvo casado y vivió en Estados Unidos. Su larga odisea de vida, se convierte con facilidad y fluidez en un relato apretadito y breve. Don Pedro toma aire para contarme que anduvo en Tijuana. Y al decir Tijuana una sonrisa aparece en contrapeso de sus memorias trágicas. Pues México le trae buenos recuerdos, pese a todo lo malo que lo trajo hasta este jardín. “Así empezó mi aventura” dice al cerrar el recuento de su vida. Y corroboro de nuevo. Uno cree que su historia es la peor y eso no es cierto. Le cuento a Don Pedro que mi abuelita decía siempre que si hubiese un mercado donde cambiar las penas todos iríamos curiosos pero nos regresaríamos con las propias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Poetas encuevados de cuerpecito frío y voz arrolladora&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puerto Rico conversa de día y de noche. Cuando se callan los coquis, poetas de la noche, comienza el vocingleo matutino. Si los textos pudieran escucharse este sería sonoro como sus protagonistas isleños. Para ser fiel a esa tradición de vida en permanente movimiento pasé más de treinta horas despierta, de una orilla a otra de América. El único descanso que tuve al cabo de todas esas horas en pie se resume en la charla con Don Pedro y con José Luis Pons, a punto de dar sus exámenes doctorales, en el pasillo contiguo a nuestra vivienda temporal, la casita. José Luis llegó a preguntarme si daba yo también los exámenes y la charla se fue, sin rumbo, por una historia de caciques, terratenientes y miserias que hoy solamente produce diásporas infames.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Charlar con un portorriqueño es igualito que leerte varios libros. Fue así como hice migas con Lucy, otra mágica fuente de organización y diligencia de la Feria del Libro. Lucy acompañaba mis escapadas fumadoras –porque fumé a rienda suelta mientras estuve en Puerto Rico- con los relatos de su vida y sus andares. Fue así como supe que ella era gendarme, operadora de boletería, cocinera y supervisora de los grupos infantiles que se desbalagaban con frecuencia de sus maestras guía. Lucy, con risa inolvidable, volvió mis marginales salidas temporalmente adictivas en agradables momentos de desafane de lo académico y profesional. Al recordarla, ya estoy haciendo nota aparte pues no probé sus guisos típicos. En otro viaje será.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;De las infames diásporas a las interminables charlas con un público lector&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero fue la charla entre periodistas. Larga retahíla de quejas contra los empresarios de la palabra de fácil contentillo con la gente del poder. Pero no ahondamos demasiado en las tragedias. Había en cambio que alentar a esos jóvenes que quieren ser periodistas y que le dieron tema y motivo a la actividad lectora; animarlos a seguir por los caminos de la libre expresión. ¡Vaya quilombo! Mi primera presentación anduvo de la mano del humor. Después de todo, no hay tragedia que no tenga su lado cómico. Además ya llevaba más de un día entre las tradiciones criollas de esta isla enamorada de su identidad latina. Así, posesionada del picadillo, la yuca y las habichuelas con arroz y la memoria de un bistecito encebollado que intentaría probar, esa misma noche, perdí la noción del tiempo mientras leía Casa vacía y contestaba las preguntas de mi segunda audiencia, o la primera, pues se quedaron los asistentes a mi conferencia a escuchar la mesa donde Manuel, David y yo presentamos, felices, nuestros libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al terminar el día más productivo desde que dejé Zacatecas, nos fuimos a cenar de manteles bien largos con la familia de Cielito, mi tía portorriqueña, al Ajili Mojili. Una vez más, San Juan me seducía entre las vueltas lentas del atasco, de camino Al Condado, con sus hermosos edificios Art Deco que la cámara apenas si pescó, entreverados con las luces, la hilera de paseantes y la fila interminable de moles de concreto de varios pisos, con vista al mar. Chiqui y Maggie, o los doctores Oronoz, tomaron el relevo iniciado por Pedro y José Luis y terminamos la noche con un montón de recuerdos en la alforja y una docena de cervezas bien heladas compradas por el rumbo de La Perla, a donde nos llevó una boricua fumadora, cuyo nombre olvidé entre el colmado y la casita  albergue, en la segunda noche de coquís y pláticas intermitentes y apretadas de futuros libros, planes también futuros y David y Manuel fumándose un puro dominicano, cortesía del último festín arizonense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora ya sabemos que el filete al caldero es delicioso, que volveremos a este mar una o más veces, que tendrá que ser Carlos Rivera quien nos lleve a Santurce, porque no llegamos hasta allá y que el coquí sólo vive en Puerto Rico, arrullando a esta gente bullanguera que canta con tanto ánimo que uno cree que son cincuenta y resulta que son dos. Y ya les contaremos en la siguiente entrega, centímetro a centímetro, los encantos de esta isla entre cuyas placas solemnes vimos anunciado, no la triste muerte de algún héroe sombrío, sino el feliz alumbramiento de una bebida, sí, sí, la piña colada, acontecido casi al tiempo en que yo nací, en la esquina de Octava y Veracruz, de la ciudad de Hermosillo, Piña Colada nacía en la calle de Fortaleza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta elusiva y refrescante casi-contemporánea mía ocupa un sitio de honor en la perla caribeña, junto con los helados de coco, piña y parcha, las mallorcas y las piraguas, que en el caribe no son barcas sino dulce de hielo picadito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje terminó nutrido de vivencias y no puedo dejar esta primera entrega sin mencionar a nuestra maestra de ceremonias; esa elocuente dueña del micrófono que le dio vida y sabor a este encuentro de libros y lecturas. Y otra obligada es nuestra ida a la radio, a la WKAQ, donde hablamos de las virtudes del periodismo y de la aventura de hacerlo al margen del poder. Como al principio, fue un taxista, nuestro conductor hasta esa empresa radiofónica quien me eligió en sus preferencias, con respecto a mis colegas en cabina. Ni hablar. El tiempo es una línea redonda y yo, admiradora de sus vueltas o ciclos o vueltas cíclicas… por los interminables caminos del polvo –pese a que a veces lo recubra el asfalto- y de la luz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-116464557680404368?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/116464557680404368/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=116464557680404368' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/116464557680404368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/116464557680404368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2006/11/san-juan-y-zacatecas-un-tremendo.html' title='San Juan y Zacatecas: un tremendo apretón de manos'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-116452030541625456</id><published>2006-11-25T21:45:00.000-08:00</published><updated>2006-11-26T09:53:50.733-08:00</updated><title type='text'>Zacatecas frontera por donde quisiera a mi tierra volver…</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;Miré las casas vacías; las puertas desportilladas, invadidas de yerba. ¿Cómo me dijo aquel fulano que se llamaba esta yerba? "La capitana, señor. Una plaga que nomás espera que se vaya la gente para invadir las casas..."&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;      &lt;blockquote&gt;Pedro Páramo/Juan Rulfo&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cómo llegué a Zacatecas con mis dos hijos y mis tres maletas (bueno, tal vez eran siete) es algo que me preguntaré, una y otra vez, o las veces que repase el camino de la Hidalgo al Mesón de la Moneda, o que desde mi cuarto con vista a la ciudad –mi palco majestuoso-, elija ver pasar las primeras amistades que fueron a dar con otras y otras que, luego, vistas en conjunto, se vuelven un desfile insólito de historia, color y movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tomó un mes aposentarme en la calle del Ángel, en la primera casa donde viví. Olvidé por descuido el nombre del agente que me la ofreció en renta, descuidada y plagada de trebejos, pero también de golondrinas y de hermosos rincones. Mis hijos todavía organizan sus recuerdos por las casas, emblema paradójico de una espiral de inestabilidad. Creo que ese título puse al archivo de fotos de familia, “nuestras casas”. Del Ángel, de la Rayón, de Gardenias, de San Miguel del Cortijo. Y luego están, también, las escuelas. Desde la primera de uniformes de color de pollo y libros forrados en lustre rojo y blanco, hasta las últimas, de cuyas colas para solicitar inscripción conservo intactos los malestares, las quejas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zacatecas fue, sin duda, un segundo doctorado. Si hubiera solicitado la beca Rockefeller para ir a entrevistar en un solo viaje a Rafael Coronel, Manuel Felguérez, Vicente Rojo, José Luis Cuevas, Irma Palacios y Francisco Castro Leñero, la habría obtenido. Me la habrían dado con tan solo la propuesta de entrevistar a  Amparo Dávila, Juan Bañuelos o a cualquiera de esos nombres y rostros que tuvieron que quedarse fuera de la sección hoy titulada las voces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si tan sólo en una vida me hubiera sido dado conocer a John y Colette Lilly, de la mano de Santos de la Torre Santiago, a Pedro Valtierra, a Luis de la Torre, habría valido la pena de vivirla. Pero hubo más, mucho más. No pude, literalmente, abarcar en un volumen los nombres y los hechos. Con esto no amenazo que habrá una Zacatecas II, ni que habría tenido que ir, incluso, por la Guggenheim. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este libro es un viaje en palimsesto por tiempos, escrituras, imágenes, Méxicos (en plural). Todo se dio en esa suerte de Aleph que acabó siendo Zacatecas para mí. En ella cumplí varios ciclos para después salir como entré, con tan solo mis hijos y mis tres maletas (¿eran cinco?). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al igual que el viaje real, el viaje en papel tenía que ser colectivo. Y sin financiamiento o tregua. No lo preparé en una oficina, como la de Tempe, Arizona; no obtuve para hacerlo la Rockefeller o la Guggenheim. No hubo sabático. ¡Qué va! Lo hice al tiempo en que recorría, a diario, entre 160 y 240 millas; enseñando cursos de inglés, español, lectura, cómo ser mejores padres, educación para la violencia, métodos de enseñanza, técnicas de redacción. Lo hice al tiempo en que redacté diccionarios y traduje libros de horticultura, odontología, bienes raíces, medicina nuclear, mobiliario, etceterilla. ¡Lo hice! Quizás desde esa persistencia de La Ruda y gracias a la elusiva existencia de María Múzquiz, esos dos pseudónimos maravillosos que me enseñaron a ser, incluso ubicua, vía Internet. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Lo hice! Para no defraudar a mis lectores -coautores y cómplices-; a todos esos amigos que me preguntaban, al palpar como yo la elocuencia de aquellas realidades maravillosas, ¿por qué no pones todo eso en un libro? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Aquí está! Con la foto de Pedro Valtierra en la portada, vaya un honor, y el trabajo minucioso de Manuel Murrieta, el editor. El título no pudo ser otro que Zacatecas, seguido de ese par de palabras que mejor la describen. Polvo de mapas que se desdibujan; polvo de caminos que se recorren, polvo de los desvanes que conservan sus claves, de puro milagro… A nadie debe caberle duda que Zacatecas es el punto del camino al que conducen todos los Méxicos  -no en vano los aztecas la llamaron Puerta de la Civilización- ¿Y luz? Luz del sol y luz de memoria; luz deslumbrante de junio y luz escasa de diciembre que me enseñó a añorar mi desierto; luz del relámpago que rompe en el cielo para alegría de la parcela temporalera... Y de entre luz y polvo quise honrar a ese mundo y ese tiempo en que me fue dado tocar cuanto consigno aquí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dejaré de asegurar que la especialidad en estudios de México no debe concretarse sin haber pisado Zacatecas… que son esos mismos cañones los que inspiraron a Mariano Azuela, en Los de abajo; tierra que sirvió de marco a Yañez, tomada no de Jalisco, lo aseguro, sino de por allá por Nochis (amoroso para Nochistlán) o por Tepechi (cariñoso de Tepechitlán). ¿Y Comala? Que alguien venga a decirme que Rulfo no se inspiró en Mazapil o Monte Escobedo, justo ahí donde uno deja las supercarreteras y los libramientos de asfalto aéreo para enfilarse hacia un pedazo de tiempo atrapado en una dimensión distinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como en Pedro Páramo, donde el cacique es apenas un mal recuerdo, el nombre del terrateniente atroz cuya vida tocaba y transformaba las cosas de manera ya casi involuntaria, diré que este no es un libro acerca de la corrupción, ni retahíla de quejas por el estilo de emperador con el que se conducen los hombres y mujeres del poder en cada estado y cada municipio de mi querido país, huérfano de líderes y, hasta quizás, de futuros héroes. Aquí no enuncio  atropellos y desmanes cometidos a cabal impunidad contra la gente y la creatividad y el futuro de la patria. ¡No! ¡Por Dios que no! ¿Cómo quitarle el protagónico a todos esos seres pensantes y sensibles que desde tiempos de Tenamaztle han apostado por sobrevivir a toda debacle, a todo tiempo de mediocridad, de autoritarismo y despojo. Que como el Tenamaztle de Los agravios, los zacatecanos de hoy, en diáspora por el mundo, salvaguardan su esencia y su tierra trabajando, luchando, así, sin tregua -“¡Axcanquema, tehual nehual!-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Que cual criterio seguí para incluir o eliminar un texto? El comentario casual, la lectura sincera, el interés revelado por una comunidad receptiva de la que alguna vez me dijeron “no lee” y que a mí me leyó, con atención, con interés, con ojo crítico… y que se tomó la molestia de seguirme, de escribirme, de instarme a representarla sin afeites, sin poesía, sin metáforas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿El título? “Pretensión insólita de mi humildísima pluma…” Pensé en varios. La Ruda, pareció a momentos corresponderle por derecho. Lo desbancó Olas civiles aquella hoja cultural que murió por capricho, argumentándose que la metáfora de López Velarde, ni más ni menos, sonaba “subversiva”. Pero evocar cualquiera de las publicaciones que inicié y vi morir, como las muchas batallas perdidas por Aureliano Buendía, no sería fiel a ese conjunto inspirador, a esa Ítaca seductora. Zacatecas, polvo y luz, quedó, pues, para el tiempo. Porque si hubiera sitio para rescribir la línea de un corrido que nos pertenece a muchos, yo cambiaría un poquito el de Sonora, ay me perdonen los de Nogales… Zacatecas frontera por donde quisiera a mi tierra volver…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que viva pues, esa Zacatecas que luce en mi cuello parado&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-116452030541625456?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/116452030541625456/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=116452030541625456' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/116452030541625456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/116452030541625456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2006/11/zacatecas-frontera-por-donde-quisiera.html' title='Zacatecas frontera por donde quisiera a mi tierra volver…'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-115250210270537124</id><published>2006-07-09T20:26:00.000-07:00</published><updated>2006-07-09T20:28:22.723-07:00</updated><title type='text'>Demagogia ejemplar. Ningunas cifras ejemplares</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;Por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuento votos y personas para no acudir a eufemismos. México tiene una población de más de 100 millones, con un padrón electoral –si el triunfalismo al que se acude al nombrarlo es verdadero- de unos 71 mil millones. ¿Por qué votaron menos de 39 millones? ¿Qué clase de fiesta cívica fue esa? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del tercio que votó, además, la mitad corresponde a quienes dieron su voto al contrincante opositor de su propio partido, por desencanto e inconformidad con las campañas “ríspidas” –palabra favorita de la contienda electoral-. En el Distrito Federal, bastión del perredismo, votaron por Marcelo Ebrard únicamente 2 millones 700 mil personas, en un universo potencial de por lo menos 8 millones de votantes. En la cuenta final el cuartito corresponde a personas que votaron para refrendar su fe en la democracia, eligiendo al menos pior… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estrictamente hablando ninguno de los candidatos ganó. Los dos punteros reúnen, en su alforja, a un tercio de la mitad de la mitad. Veámoslo en cifras contundentes: Si a los 13 624 506  votantes que se expresaron por López en las urnas, le restamos a los votantes capitalinos, nos quedan poco menos de 11 millones de votantes de amarillo distribuidos por el mapa distrital de la república. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tan ralo contingente –utilizando el universo poblacional real- se distribuyese en marchas por todo el país –por convocatoria de López-, daría a razón de menos de seis simpatizantes por kilómetro cuadrado. Fuera del Distrito Federal difícilmente reunirá López, en una sola marejada –se consigna que hubo 280 mil en el zócalo el sábado 8 de julio- a más de tres mil personas. No habría tenido que hacer yo este conteo. La memoria de campaña debió servirles de referencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Habrá sexenio de protestas multitudinarias?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Zacatecas, donde el gobierno perredista prometió 350 mil votos, escasos cinco mil petistas salieron a desaburrirse a la plaza de toros, al cierre de campaña de AMLO. Ahí, a tandas semejantes PRI, PAN y PRD se repartieron al electorado. La población votante, otra vez, la mitad de la mitad –pues una mitad anda por acá, desbalagada- votó contra el oponente arrojando 115, 158 y 172 mil votos el PRD a la cabeza, gracias al acarreo. En décimas porcentuales las estadísticas nos mantenían en ascuas en el estado del que López mandó traer a su coordinador de redes ciudadanas, Ricardo Monreal Ávila. Al pescador de votantes le fallaron las cuentas a nivel nacional, de modo semejante a como le fallaron a nivel local.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros estados perredistas no muestran mejores resultados: En Baja California Sur la diferencia en votos es de 70 contra 57 mil. En Nayarit la diferencia mínima se cierra entre el PRI y el PRD. En Michoacán, la diferencia asciende a tan solo a unos cincuenta mil votos entre amarillo y azul. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuera del país las cifras tampoco son avasalladoras. No lo fueron a la hora de empadronarse y no lo son ahora pues resulta que sólo uno de dos empadronados votó. Tampoco entre la paisanada el señor de Macuspana, en cuyas heridas y estigmas pocos del éxodo se reconocieron, levantó consenso. Los migrantes hallaron que su malo conocido era el PAN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La cruda electoral…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre el vaivén de las cifras y la amenaza de la fiebre amarilla –que ya subía y ya bajaba- La noche del cinco de julio, en el conteo acta por acta… no era difícil notar a quien favorecía o a quien preocupaba el triunfo del PRD. Cuando las décimas se apilaban en la balanza de López O, de inmediato los ánimos de los comentaristas televisivos se adelgazaban, comenzaba la palabrería, el ritmo de la plática se aceleraba para evitar los close ups de rostros largos. Yo, en lo personal, jamás creí sentirme identificada con los de la extrema derecha. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ánimos trascendieron las pantallas. En las listas de correos las personas discutían, argumentaban. Pasamos la noche juntos, virtud de la tecnología. El pulso era semejante, con una salvedad. Los panistas se consideraban triunfadores sin reparo alguno. Estaban demasiado seguros. Si fuera oriunda de Macuspana diría que me parecieron sospechosos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fragor de la madrugada Calderón se adjudicó la ventaja sustentando su dato en que Durango, Chihuahua y Baja California son panistas.  Durante toda la contienda había resaltado el ánimo de posesión. Para el PAN los estados del norte, trazando la línea desde Jalisco. El Sur al PRD y su bastión tomado, la ciudad de México. Era como la línea alejandrina pensada para dividirse al mundo cual si fuese pastel. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los desfavorecidos arremetían ‘con todo’ contra la institución electoral, las televisoras y las radios, los comentaristas adversos, la población que no votó  -¡so bruta!- por el bien de todos. Si hasta las estadísticas se pusieron de acuerdo en ese compló socarrón y fraudulento del lóbulo derecho del país –¿era lóbulo norte?-. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ciudadanía civilizada a la mala &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;AMLO, de nuevo, no cree en las cifras –el compló del algoritmo-, y Calderón proclama que los idus están a su favor. Según AMLO, los votos que le faltan, le fueron esquilmados vía fraude. Se habla de ocultamiento -el guardadito-… Al compló de las estadísticas se suma el de los sufragios. Y así, con el compló en la boca, los seguidores de Macuspana con su señor en andas se irán a tribunales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acá hay demasiado en juego y no será el final feliz de una contienda familiar de Turista de donde el niño malcriado que no aprendió a perder salga aventando el tablero, los títulos, los dados… Por ese enfado de niño sin control debiéramos desde ya pensar en que el sexenio de Calderón se acortará a cuatro o a tres, si le restamos los tiempos de impugnaciones y las campañas que revivirán con fuerza de contienda lucrativa y feroz hacia, digamos, el 2009…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que la lección de estos comicios trasciende a ambos, ganador y perdedor. Lo cerrado de las cifras debiera dar vergüenza a todos, aun a los electores. Eliminados los casos pico, la hija y el yerno de Elena Poniatowska a quienes una hilera de monjas les tomaron la delantera influyente, el tío de Víctor o la vecinita de Susi… el grueso de la población utilizó a la democracia para mostrar no su elección, sino, precisamente, su repulsa por el otro. La mayoría de los votantes consignaban que los candidatos les parecían igual de grises. La participación fue igual a lo que es hoy el resultado, una puja ruidosa por evitar que ganara el contrincante. “Vaya a votar, me dijeron unos conocidos de mi familia… no sea que gane quien no debe ganar”. La frase, con sus debidas variaciones se repetía por todas partes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los tres son iguales…” –señaló Juan Bañuelos en sendo desplegado de intelectuales de todas las artes y aficiones- “…no hay una propuesta de nación, de cambios fundamentales, y dicen todos ’que van a dar empleos’, no dicen cómo”. Y habiendo nombrado a López Obrador como quien obtendría su voto agregó, “de entre los otros dos lo prefiero, ya no habiendo de dónde escoger”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La mitad de los cuarentaytantos millones de empadronados que no votamos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lección va más allá de apariencias y pasiones volátiles. En los proyectos de nación que imaginamos, dos mitades o cuatro gajos –si a la vez dejamos de admitir que el México de afuera es monolítico, cual se concibe groseramente al de adentro- está la diferencia contrapuesta de lo que Bañuelos consignó: Por una parte lo social, la educación, las abismales desigualdades; por la otra, el México del privilegio que a menudo se confunde con el México moderno, el que toma de modelo a Estados Unidos y se alegra y hasta canturrea cuando se inaugura un Mall o un nuevo centro recreativo exclusivo. “Son los mismos que trajeron a Maximiliano”. En el fondo coincido con Juan, casi en todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No queda nada sino resignarnos a aceptar por suerte un futuro mediocre de políticos mediocres, cualquiera que sea su tendencia o color? Lo hicimos desde el comienzo, cuando partidos de nula representación entre las mayorías, eleg(impon)ían candidatos. Lo hacemos, elección tras elección. Pronto celebraremos los veinte años del PRD y diremos que tiene tradición y abolengo… y el PRI cumplirá sus ochenta –convaleciente- y habrá palenque y borrachera y aplaudiremos convencidos de que estamos genéticamente negados a transformar nuestro sistema político.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y seguirán naciendo los hijos de los hijos de los hijos de una elite que se eterniza en el poder, a nuestros ojos, con socarronería e impunidad. Y continuará la rapiña de hace ya siglos, efectivamente, como en los tiempos de Santa Anna, Mejía, Miramón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Las cifras, con frialdad? ¿Cuál sur votó por López; el de los caciques locales y sus reverendas familias; el que espera turno hacinado en las franjas miseria de Tijuana, para brincarse la barda; el que lamenta y padece, en las urbes de México, la xenofóbica práctica que todavía llama con desdén oaxaquitas a los trabajadores de ese estado, subempleados aún en la ciudad que vela por el bien de todos; el de los coletos que se creen dueños de todo, hasta de las banquetas; el de los de los clubes de migrantes, en éxodo, organizados a punta de tristezas y nostalgias y porque hay que sostener al país, vía las remesas? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-115250210270537124?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/115250210270537124/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=115250210270537124' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/115250210270537124'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/115250210270537124'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2006/07/demagogia-ejemplar-ningunas-cifras.html' title='Demagogia ejemplar. Ningunas cifras ejemplares'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-113774860838723878</id><published>2006-01-20T01:16:00.000-08:00</published><updated>2006-01-20T01:19:17.470-08:00</updated><title type='text'>El padrón electoral: Ni estamos todos los que somos, ni somos todos los que estamos</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El voto de los mexicanos en el extranjero se fraguó desde muchas perspectivas -académica, patriótica, nacionalista, leguleya, proselitista, oportunista, localista, clasista, socialista, librecambista-. La gama es mucha y muy variada, en intención e intensión. Pero lo que los resultados tornan evidente, irremediable, triste, es el tremendo abismo que se abre entre las visiones personales y las colectivas, más aún, entre el México de casa, el familiar, el portátil, el del atijo del migrante y el del México público, el que se expresa en una simbología cada vez más prolija en iconos y virtualidades de arraigo, distantes, aislantes, en vías de agotamiento.&lt;br /&gt;Entre la multiplicidad de sombras y matices que prefiguran ese abismo, ese vasto bordo que divide a dos Méxicos o a varios más, subyace un discurso que se fragua en un plano que escapa a las perspectivas derivadas de una narrativa dominante con la que, es obvio por los números, pocos se identifican todavía. &lt;br /&gt;¿Por qué votar? ¿Por quién votar? ¿Para qué votar? Son preguntas sencillas que se hacen quienes se niegan a participar tanto como quienes instan a participar. &lt;br /&gt;Pero ojo, instar es un verbo que entraña acción, militancia, decisión. No a muchas horas de cerrado el plazo, escuché a una vocera del IFE decir que éste no hizo campaña en pro del voto sino que se concretó a recoger el interés de la población en el extranjero (mi propia exégesis de lo dicho). &lt;br /&gt;La convicción le faltó a esa funcionaria, fue mi inmediata conclusión, seguida por su opuesto simétrico y casi perfecto. La convicción le sobró a esa funcionaria al mostrar su desinterés por la participación que dicha institución –ella nomás se refería a la suya aunque habría podido evocar el letargo con que las dos cámaras abordaron el tema, año tras año de este larguísimo sexenio- no buscó, hélas. Ante tan triste sucesión de desinteréses, el éxito es el visto al concluir el plazo. Menos de 23 mil registros. Tomen su lápiz para sacar cuentas del porcentaje que eso representa para una población migrante cuya porción contabilizada se dispara, cuando menos, por encima de la decena de millones. &lt;br /&gt;Y si lo que se busca sin pasión fracasa y el objetivo nunca fue lo contrario, pues dicha funcionaria al menos, refleja el devenir deseado. En las arenas movedizas del padrón electoral somos todos los que estamos, desde la óptica precisa y puntual que se habría planteado aquella que luego de temer que cuatro millones de mexicanos, por lo menos, se registrasen viese, para su infinita ventura o reacción complaciente, registrarse a un número caricaturescamente ínfimo.&lt;br /&gt;Me llamó la atención el comentario de mi hija, desde su existencia bicultural de ciudadana de dos países del mundo. “Ni siquiera el número de zacatecanos…” La cifra, más allá del suspiro quinceañero que acabo de enunciar no ajusta los 23 mil. Una porción de los zacatecanos que no aparecen en ningún censo, diría yo… el piquito de cualquier diáspora individual, contabilizada por cualquier estado. Pero mi hija no llegó a leer la cifra que me escandalizó, más adelante en el día. De Zacatecas se registraron 230 personas. Imagina ese número ínfimo de migrantes. Ningún partido, asociación, club, vaya, mesa vecinal se atrevería a darse por existente con tan baja membrecía. 230, podríamos hacerlos caber en un solo libro de registro, en una urna pequeña, en una memoria tan poco poblada que le sobrarían dos días para retener los nombres de quienes formasen tan flaco conjunto. ¿Quiénes serán? ¿Los soñadores más tenaces de Las Animas? ¿La mitad de un par de familias montescobedenses? ¿Tres aventados de Mazapil que sueñan con que el voto local rompa con el siglo de pobreza de todo el semidesierto zacatecano? Si viéramos los nombres, estoy segura que los conoceríamos. Sabríamos a ciencia cierta quienes son. Número manejable ese, que por estado, no rendiría para más de 688, divididos a partes iguales. Qué fiasco para Michoacán o Oaxaca que el IFE tenga en su padrón a menos de seiscientos, cuando en tan solo la zona agrícola del sur de Los Ángeles y del este de San Diego se calcula que ascienden a 100 mil los oaxaqueños; cuando de menos 5 mil habitantes de El Rosario, Michoacán, envían remesas a sus paisanos radicados por allá.&lt;br /&gt;Por ahora, terrible conclusión, el caciquismo mexicano no tiene nada que temer. No serán los migrantes quienes le den un vuelco a la democracia mexicana. No habrá que negociar más los términos de la votación. Perdieron su tiempo los diputados y los senadores que por años pusieron traba sobre traba a ese penoso asunto. &lt;br /&gt;La verdad, la dramática verdad, es que la diáspora se concibe a sí misma, o así parece, como un fenómeno individual, de tabla de salvación que hace rendir sus frutos, familia por familia, a esta vida de bordes y de sobresaltos al filo de la muerte. &lt;br /&gt;Desde acá, lo dicen estas cifras desesperanzadoras, nos da lo mismo Juan que Chan en la silla presidencial o en los estados o en las presidencias municipales. &lt;br /&gt;O percibimos como la marca inefable del destino el no poder hacer nada, vía la influencia, la presión, el propugnar el cambio. El diálogo no existe. Si existiera, la vocera del IFE –oriunda del Distrito Federal- y mi vecina en Mira Mesa –venida de Tlaquepaque, vía Texas- se sentirían en algo comprometidas la una con la otra. Pero no ocurre así. Ni la una ni la otra se llaman, reconocen, entienden, dan por vivas. Ni la una ni la otra se dan la mano, la papeleta, los datos personales, el saludo, la mirada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Será acaso que los de acá, a diferencia de los de allá que con el tiempo y los sexenios parecen cada vez más crédulos, desconfiamos de todo… es decir,  de la autoridad consular que nos convoca, de los anuncios hechos para un público capitalino desde agencias capitalinas que idearon el mensaje pensando en un migrante al que jamás han tocado ni con el pétalo de tropicales rosas?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;¿Será que desconfiamos de cualquier registro, cualquier documento, cualquier padrón?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Será que nunca cuajaron en nuestro ánimo de sociedad civil sin tierra, los procesos democráticos de una nación patriota cuya noción de patria es definida por los delirantes aires de grandeza de Martha Sahagún, de Chente y de su corte milagrera a la que todavía no ha podido achacársele, ni por error de la ley de las probabilidades, ni el más remoto atisbo de milagro? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Será que con el territorio adoptivo nos vino también una adoptiva visión de urgencia, de sentido común, de indentidad común… que nada tiene que ver con lo de allá, salvo por las raíces que se traducen en los pocos miembros de la familia que todavía no han podido llegar “el otro lado”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace pocos días, Raúl Cervantes, procedente de Luis Moya Zacatecas, enumeraba con nostalgia para mí a los miembros de su familia, los de allá y los de acá. “¡Válganos! &lt;br /&gt;-resumió cuando la memoria se le pobló, más rápido, de los de acá- “si allá no queda ya casi nadie…”&lt;br /&gt;Pues si, amigos. Votar o no votar dejó de ser la disyuntiva del milenio. Votar en México, digo, para México, por México. Entre tanto, los bordes de otras tierras se endurecen contra los mexicanos, igualito que en otras fronteras donde tamiles y argelinos, pakistanos y somalíes tejen su red para intentar pisar buen puerto.&lt;br /&gt;Muchas sorpresas nos depara ya tanto desinterés. Por ahora basten las cifras para lanzar este primer balance.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-113774860838723878?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/113774860838723878/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=113774860838723878' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113774860838723878'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113774860838723878'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2006/01/el-padrn-electoral-ni-estamos-todos.html' title='El padrón electoral: Ni estamos todos los que somos, ni somos todos los que estamos'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-113474319807840743</id><published>2005-12-16T06:13:00.000-08:00</published><updated>2006-01-20T01:20:16.796-08:00</updated><title type='text'>La virgen de Guadalupe y yo</title><content type='html'>&lt;a href="http://geografiaserrantes.com/ahogo/file-708202.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://geografiaserrantes.com/ahogo/file-705644.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, cuando se asume desde el extranjero que la virgen de Guadalupe es el icono clásico de todo México, siento el impulso de desmentirlos, pues la imagen guadalupana no es más que un rostro, uno más, perdido en un mar de devociónes versátiles -&lt;em&gt;cada quien para su santo o santa&lt;/em&gt;-, acendradas hasta el extremo en todo el país, y que van desde la madre de Jesús y, a través de ella, hasta las más recónditas y olvidadas representaciones del más nutrido séquito real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez, sentí el impulso de desmentir a mi interlocutor y hacerle ver que en casa, no era la virgen de Guadalupe quien resguardaba el umbral, sino una señorial virgen de Fátima, que desde su pedestal, acabó llevando a cuestas la poca estabilidad de nuestras vidas, al tiempo en que nos seguía, de caja en caja y de pared en pared, hasta acabar, echa añicos, durante alguna fiesta de adolescentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no. Tenía razón aquel amigo, por lo menos en parte. La virgen morena forma parte de nuestras vidas, ineludible, incontrovertible, insólitamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un tren de peregrinos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De niña me sorprendía cada año, a eso de los comienzos de diciembre, el fervor guadalupano. Por mi escuela, situada a un lado de las vías del ferrocarril de Cuernavaca, en la urbanísima Polanco, pasaban las procesiones que venían de diversos puntos del norte y del oeste del país, a pie. Las imágenes que derivaban de ese paso no eran placenteras. Nos producían una gran sensación de tristeza aquellos hombres y mujeres, muchos de ellos andando de rodillas, desarrapados y extenuados, que iban hacia la villa de Guadalupe, a cumplir una manda o a hacer un ofrecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros, que éramos muy niños o demasiado jóvenes aún para entender las aristas de la devoción sin límites, nos preguntábamos quiénes eran esas personas. En nuestras reflexiones o diálogos, tan pasajeros como suelen ser las conjeturas a esa edad, notábamos un rasgo peculiar que nos distanciaba de tanto peregrino. Sí, era claro y contundente, aquellos peregrinos no éramos nosotros, ni nuestros padres, ni nuestros parientes. Entre ellos no estaban nuestros amigos, nuestros primos, nuestros maestros. Ante ellos, éramos la audiencia involuntaria que prefería no fijar en ellos la mirada, para no profanar a la existencia otra que, casi en nada, nos tocaba. Ahora se que la fe no se divide en clases, sino en regiones y tiempos históricos. La fe, es un tremendo espejo desde cuyo interior gritan las jerarquías, las diferencias, las injusticias del tiempo y de la historia.&lt;br /&gt;Los abismos que entonces ya se abrían tenían que ver con los bordes que separan a una ciudad del campo, a un medio urbano del aislamiento y el tradicionalismo que ara surcos eternos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;A un lado y otro del Cañón del Cobre&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era también por esas fechas que escuchaba a mi padre hablar de la ignorancia que latía cual trasfondo de aquella realidad colosal, fuente de caminantes o emigrantes motivados por la fe, la devoción, el rito. Mi padre no quería a los curas y menos a quienes fomentaban las peregrinaciones a manera de manda colectiva. No lo culpo. Siempre hablaba del gran obstáculo que representaba la iglesia en el desarrollo de Nayarit, donde hizo su servicio médico. Mi padre creció en un México donde la división de la iglesia y el estado no eran pamplinas, sino un cañón del cobre separando dos puntas del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, me atreví a decirme en silencio, todavía siendo una niña, cuánto me gustaría ir con ellos, los peregrinos; seguir la ruta de las vías y llegar a la meta, tan solo para no quedarme detrás de las bardas de ladrillo de mi escuela, mi vieja escuela, la misma que todavía se yergue, de testigo, junto al mismo paso del ferrocarril, pese a que la tecnología lo haya desplazado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Te seguiré buscando&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel tren humano, cuyo número de vagones resultaba, por varios días, interminable se quedó, sin duda, como el espectáculo más sórdido y grave de mi niñez. Lo he visto repetirse muchas veces, en otras vías, en otros contextos, motivado por otras vírgenes  y santos, imanes de la devoción masiva y todavía me digo que alguna vez me gustaría unirme al flujo interminable de creyentes para… sí, sí, nada más que para creer por un momento, más allá de la protección que terminó al desmoronarse el halo que ribeteaba el bulto de mi guardiana casera, la también célebre virgen de Fátima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y apenas caigo en la cuenta. No tengo en casa una efigie de la guadalupana, en cualquiera de sus formas, sí en cambio una estampita de Fátima colocada casualmente junto a la ventana con la encomienda de cuidar a mis hijos mientras no estoy… Así que, al menos por ahora, parece que la tradición guadalupana continúa existiendo de soslayo en mi mundo –viéndola pasar ajena a mí- por lo menos en lo que a mi familia respecta. Tal vez la próxima vez que dé con una virgen de Guadalulpe, en cualquiera de sus formas, la compraré, para quedar a mano con esa misión que interrumpo fehaciente, para que nunca mis hijos me reclamen mi insólita omisión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre 12, 2005&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-113474319807840743?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/113474319807840743/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=113474319807840743' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113474319807840743'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113474319807840743'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/12/la-virgen-de-guadalupe-y-yo.html' title='La virgen de Guadalupe y yo'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-113317987408868727</id><published>2005-11-28T04:00:00.000-08:00</published><updated>2005-11-28T04:30:13.876-08:00</updated><title type='text'>Votar o no votar</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.redbolivia.com/images/articulos/20050720003531votoRB.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px;" src="http://www.redbolivia.com/images/articulos/20050720003531votoRB.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;El voto migrante careció de la respuesta masiva que se esperaba. ¡No me extraña!&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso de votar ha ido cobrando dejo de moda y, claro, con las modas, surgen las variaciones, las cliques, los enfrentamientos, los encontronazos. Cierto que votar es democracia, estilo línea de lema radiofónico; pero el votar no es la democracia. La democracia, a menudo, se expresa muy a parte del voto o, hasta podemos decir sin lugar a equivocarnos, a pesar del voto. Asumir voces o tener representatividad no se reduce al voto, ni mucho menos a un proceso electoral cuya legitimidad se desgaste en constante entredicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veamos un poco. Yo crecí en un México en que el voto era execrado al máximo. Participar en cualquier contienda que convocase a acercarse a las urnas era francamente ajeno a la mayoría. El recuerdo de dos campañas fallidas, antes y después de Álvaro Obregón, llevaron a la gente a creer que su voto no era sino objeto de manipulación, de persecución, de transa política. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esas oscuridades electorales a menudo uno no entendía por qué el PPS postulaba al mismo candidato que el PRI o por qué la existencia de partidos era visiblemente nulificada por el triunfo seguro de uno solo, que se eternizó en el poder setenta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Estados Unidos la tradición partidaria entre demócratas y republicanos es también hoy objeto de desencanto. La polarización reciente de la población, con su consecuente división en dos mitades irreconciliables, comenzó a avivarse en los ochenta. Antes, una línea divisoria gris hacía contender a un campo y otro por la alternancia que, dicho de otro modo, es el ahora tú y mañana yo, business as usual!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abstencionismo de los setenta era como la marca histórica de las democracias contemporáneas. La disidencia hallaba su válvula de escape en la cultura popular, en la toma de calles y espacios masivos. Lo que ahora de manera exacerbada algunos llaman sociedad civil, no era otra cosa que la contracultura, el salirse del statu quo y buscar, fuera de “los cauces” habituales del voto y las candidaturas políticas, recuperar la voz para luego hablarse al tú por tú con políticos de nombre y apellido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de estos dos países, México o Estados Unidos, habría podido imaginar cómo la convivencia vecinal habría de profundizarse con el cambio de milenio. De la noche a la mañana las fronteras se volvieron ya no porosas sino móviles. Con la amnistía de los años ochenta la presencia ciudadana de los mexicanos y los salvadoreños aumentó de manera tan notoria que comenzó a ser tema de encabezados y primeras planas. No era que antes no hubiese migrantes, sino que su número y presencia carecían de importancia para las altas esferas políticas. Si hoy aparecen los Trancredos o los Gillroy es porque la migración entró en el terreno del capital electoral. La última década ha ocurrido lo mismo con los candidatos mexicanos. Previo a este frenesí de migrantes y remesas, el último candidato presidencial que hizo campaña en la frontera fue José Vasconcelos. Los nuevos tiempos, sin embargo, lo requieren, lo esperan, lo fomentan. Algunos hasta han soñado ver revivir las sociedades juaristas o los comités patrióticos de allende las fronteras, a lo largo del siglo diecinueve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El contexto transfronterizo pone en alerta a los nacionalismos trasnochados. Puestos a dialogar, dos Méxicos, dos Salvadores, dos Guatemalas, difícilmente se ponen de acuerdo. Los mexicanos, salvadoreños o guatemaltecos de afuera, motivados por distintos procesos de vida, tienen también distintas perspectivas. Disidentes, ya por el hecho de no elegir el destino manifiesto de una vida sin oportunidades, no se ciñen con facilidad a las retóricas habituales del hombre de oficina, poder e influencia. La larga división entre las facciones que tamizaron hasta más no poder el posible voto del migrante mexicano hizo que éste, al fin, se volviese sospechoso, en el mejor de los casos; en el peor, inútil y poco motivante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las preguntas a ese respecto son muchas. Qué despertará el interés, quiénes. Cómo hacer que la información fluya, que reciban inspiración los de un lado y del otro de la línea si apenas se conocen. Cierto que son familia, a veces dividida, pero lejana al fin, por efecto de la geografía. Tan solo en la mía, propia, si recurro a los hermanos, primos, sobrinos y demás parentela, hablamos de una topografía tan vasta como elusiva y diversa en intereses y filiaciones patrióticas. Qué tengo yo en común con Mateo, mi sobrino que concluye el seminario teológico en Europa o con la rama de la familia avocada a las ciencias duras. Qué puentes, otros que los afectivos, pudieran llegar a tenderse en una red política que fuese de Torreón a Guadalajara, de Irapuato a Champotón, de Chihuahua a Dallas, de San Diego a Rouen, de Walpole a Cacabelos, de París a Tahití. Las familias reales están más pulverizadas en gustos y aficiones que los propios partidos políticos. Pensar una campaña pretendiendo que Johnny influya en Juan o viceversa es tan estúpido que no habría término eufemístico o sutil que diese cuenta del tal proceso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Y, porfas, que me aviente la primera piedra virtual aquel cuya familia sea afiliada, sin mácula, de un solo partido! Así que ojo con aquellos cuyas esperanzas democráticas se funden en la intención de conseguir que voten por el mismo partido los de un mismo apellido o que todos elijan irle al mismo candidato. Tal vez por eso nuestros políticos, sabios que se consideran a sí mismos, decidieron la elección unilateral de sus candidatos. Esmerados en ahuyentar al votante, o así al menos lo parece, decidieron por sí y para sí, en el gremio cerrado de sus influencias y apoyos más incondicionales. Solo que, como se dice en los juegos de niñitos, algo anda mal en este cuento. ¿Por qué entonces procuran mi voto para validar sus intereses de coto cerrado? ¿Qué papel juego yo en esos terrenos de la componenda burocrático política, tan a la mexicana? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que nada, por eso, modestamente, decididamente, guardé mi tarjeta de elector en una caja que se empolva en el rincón de mi armario, sin uso ni futuro. Registrarme para votar habría sido un reto, no lo niego, la noche en que llegué a mi casa a enterarme por la televisión que habían asesinado al candidato Luis Donaldo Colosio. Habría hecho cola, mil veces, para participar en el voto el año que se eligió a Vicente Fox, contra él, claro está, entonces y ahora. Pero en la futura elección, donde las disyuntivas apenas dan para rima chusca de &lt;em&gt;Día de los Muertos&lt;/em&gt;, no, mil veces no. Imagínense, pasar toda una mañana decidiendo entre Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador, alegrándome de que Martha Sahagún no esté en las boletas, ella que ha superado en escándalos, incluído el de pretenderse la sucesora natural de Los Pinos, a Irma Serrano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero para no caer en la visión meramente personal me fui por varios días preguntando a mis amigos si querían votar. Les diré lo que obtuve, en unas cuantas líneas. Mis colegas de la universidad me observaron con patetismo que indicaba que les preocupó mi pregunta por mí, no por ellos. Uno sólo, zacatecano y profesor de español como yo, fue contundente. “María Dolores, deja ya de pensar en México como si fuera parte de tu realidad. Yo sólo pienso en México cuando llegan las vacaciones. A México quiero ir cuatro días, incluyendo el que me toma el viaje de ida y el que me toma el viaje de vuelta.” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra que nunca falla con la urgencia de revivir las tradiciones y ser parte de México siempre y por siempre, sugirió que no anduviera metida en votaciones y esas cosas y evocó a cuenta de lo mismo los asesinatos de periodistas en Tijuana. “Yo no voto”, subrayó, “así me paguen.” La lista es larga; Toña, recordó tiempos en que votó y su voto no contó para nada. Rosa me dijo que no tenía la menor intención en poner en riesgo su obtención de la ciudadanía de Estados Unidos, por andar votando. José se tomó unos quince minutos y dos coronitas en explicar que sus primos de Texas viajaron a Chiapas, el año pasado y se metieron en tantos problemas que desde entonces nadie de la familia quiere ir, ni siquiera para la Navidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto, yo que tengo oportunidad de repasar la lista larga de repudios, excusas y salvedades, si los mexicanos no hemos asumido la noria apátrida como el mejor antídoto contra la corrupción y sus desgracias. Ansiosos que estamos de dejar de ser el objeto en la mira para los de este lado, hemos comenzado a preocuparnos por no tocarnos con ese allá conflictivo y revuelto que hoy, ay hoy, nos acaba de sorprender con el último escándalo del presidente bufón: A punto de perder la guerra con los Estados Unidos, sobre un diferendo basado en la caricatura de Memín Pinguín –por lo menos no se trató de un chisme de telenovelas- y pasar a la historia como el peor presidente de México, mandilón, racista, torpe, etceterilla, tal vez albergue la aventura triste de irse a la guerra con un país al que, sólo por ignorancia, acaba de considerar su enemigo pequeño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, el voto. Si votando lograra liberarme de la clase política, lo haría, no me cabe duda alguna. Pero al saber que con mi voto el IFE pide más dinero y alimenta más bocas como esa, de vituperio y grandes necesidades que acaban traduciéndose en escándalos de hurto y cochupo, prefiero no votar, lo siento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-113317987408868727?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/113317987408868727/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=113317987408868727' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113317987408868727'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113317987408868727'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/11/votar-o-no-votar.html' title='Votar o no votar'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-113775028946500147</id><published>2005-11-26T08:38:00.000-08:00</published><updated>2009-11-24T10:27:35.959-08:00</updated><title type='text'>Día de gracias en Fallbrook</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Entre mis dos mitades hay un punto o una semilla o el principio de la línea que todo lo divide en dos, salvo que decidamos lo contrario…&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acción de gracias, día del pavo, día de dar gracias, &lt;em&gt;dansgivin&lt;/em&gt;. Todavía no nos ponemos de acuerdo en castellano en como abordar este día tan significativo para el mundo anglosajón, tan difícil de asumir para el mundo del inmigrante hispano –tan de otro modo presto a adoptar cualquier celebración, aún Halloween-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por años ese día también pasó desapercibido para mí, salvo por el detalle de que las ciudades estadounidenses se paralizan, cada vez menos horas, pero de manera común, sincronizada y evidente. Ningún negocio opera a la hora de cenar y muchos cierran el día entero. Puedes quedarte sin comer o sin diversión. Muchos turistas, despistados, acaban varados en algún aeropuerto sin saber qué hacer ni por qué, en jueves, todo se detiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ocurrió una vez, hace años. Viajaba hacia Perú y fui desviada a Los Ángeles, procedente de la ciudad de México. Llegué a eso de las nueve de la noche. Cuando salí del aeropuerto me pareció que entraba en un pueblo fantasma y no en la ciudad más ruidosa del planeta. Claro, como venía de México el día del pavo me tomó por sorpresa. No tuve más remedio, entonces, que meterme al cuarto del hotel y encender la televisión. En cosa de minutos me enteré de mi entuerto. Llegaba a la meca del cine en día sagrado. Ahí no habría otra cosa que hacer que lo que hacía con desgano sobrado, recorrer el impresionante número de canales disponibles para quienes como yo, por esa noche larga, no tendrían con que o con quien desaburrirse en una fecha como esa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquél día reflexioné curiosa. Mi familia jamás celebró el estadounidense thanksgiving. ¿Por qué? No lo sé. Supongo que las razones provendrían de la misma lista que intentó explicar inútilmente por años mi madre, por qué tuvieron que transcurrir más de diez años antes de que en casa se almorzara a las doce y no a las tres de la tarde. Las costumbres mexicanas prevalecían en este lado de la frontera para nosotros. Así, el día de acción de gracias sólo podía existir con una enorme interrogante y mucha oscuridad e indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recuerdo el número de días que pasaron antes de que por lo menos preguntásemos, entre nosotros, los motivos de la celebración o los pormenores de la tradición tan a la americana. Luego el nacionalismo también privó cuando juzgamos que no adoptaríamos tal fecha por principio, sabedores de que representaba al colonialismo con el que ningún miembro de la familia, desde cualquiera que fuera su posición política, llegaría a identificarse jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue sino hasta que mis hijos entraron a la escuela que comenzó a preocuparme el ignorar, supinamente, fecha tan importante. Un día me dije, no acaso me enseñaron aquello de que “al país que fueres…” Pues con diligencia ayudé a Gus a confeccionar su pavo de papel, el primer año. Para el segundo, que nos tocó de tarea describir la tradición, entré en mejores componendas, le sugerí que hiciera una presentación acerca de los rasgos “mexicanos” de tan estadounidense festividad. Mi Gus, que siempre me escucha de soslayo, aceptó sin respingo y se mandó tremenda investigación de los alimentos que conforman el sonado día del pavo. Guajolote, papa y camote, tarta de calabaza. ¡Uf! El mundo nahua, a todo lo que da. Le ayudé a redondear la idea y al final, iniciamos a sus compañeritos en la empresa de interesarse en los orígenes indígenas, verdaderamente indígenas de sus costumbres culinarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La digresión, como en tercera dimensión hizo que en años subsiguientes discutiésemos en familia el feriado este. Pues nada que sin sentirlo nos pusimos a celebrarlo, año con año, desde Arizona. Lo divertido es que cuando fuimos a Zacatecas extrañábamos el día. No vayan a pensar que hacíamos pavo con salsa de arándanos, no es para tanto. Pero sí me llegó a ocurrir imaginar lo que haría en San Diego el tercer fin de semana de noviembre. Luego mis hijos preguntaban, recordaban, comentaban… y así, supe que el día había hecho sitio en mis recuerdos, muestra indeleble de que ya era la inmigrante consumada cuyas raíces, echadas hacia ambos lados, hacían su surco subterráneo, silencioso, contundente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este año, a diferencia de muchos otros en que me hice muchas conjeturas, decidí asumir la tradición de manera tranquila, aunque todavía sin polendas. Daría las gracias, por todo lo que tengo, por los milagros recibidos a diario los últimos tres años. Mi hija Lilia me sorprendió en los preparativos con una pregunta que inspiró este escrito: ¿Mamá, acaso decidiste por fín asmiliar el thanksgiving? La respuesta era sí, pero no la solté de inmediato. La repasé en mi mente varias veces, la convertí en esta declaratoria grave que ahora escribo. Debo haber entrado ya, de lleno, a mi vida de inmigrante.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-113775028946500147?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/113775028946500147/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=113775028946500147' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113775028946500147'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113775028946500147'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/11/da-de-gracias-en-fallbrook.html' title='Día de gracias en Fallbrook'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-113076719090375998</id><published>2005-10-31T05:52:00.000-08:00</published><updated>2006-01-20T01:21:26.610-08:00</updated><title type='text'>Días especiales</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.stjude-shrine.org/spapostolate1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px;" src="http://www.stjude-shrine.org/spapostolate1.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;strong&gt;Dedicado a San Judas Tadeo, abogado de las causas difíciles...&lt;/strong&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;blockquote&gt;Nuestro contacto con la muerte se legitima a través de la fe, de la devoción, de la religión. Pero más allá de nuestra fe en el templo, algunos intentan evadir la cercanía con los espíritus. La tildan de fantasiosa, delirante, locuaz. No quieren imaginar que sea posible el que los muertos vengan a comer con nosotros, a convivir con nosotros, a honrarnos con su presencia del mismo modo que, en vida, nos prodigaron su compañía, su afecto, su proximidad física...&lt;/blockquote&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La diferencia entre Santo Tomás y yo es que yo veo de tanto creer&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me detengo ante un puesto de flores. Hoy se ha vestido de amarillo. Yo digo que no es "marigold", pero el olor me desmiente. Huele a zempoazúchitl o cempazúchil; qué digo, parece desbocado el embriagante aroma del campo magnificado en una flor cuyo colorido es, en verdad, inconfundible. Mi abuelita decía que era amarillo triste. Yo lo siento en el alma como si fuese el rostro del oro o de la superficie del sol, desbordado en una esencia de vida que nadie sabe de dónde proviene. Así creen en los pueblitos de México, que los muertos, cuando se aparecen, vienen antecedidos de un olor a flores, no sé si a jazmín o a nardos, tal vez sea el zempoazúchitl. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me detengo también ante el pan de muerto, recién horneado. Una capa de azúcar y listo. Estamos en la tierra donde las celebraciones se hacen visibles. Digo se hacen pues en México la visibilidad es cosa de todos los días. Visibles somos nosotros, en las calles y cafés. Visible es la vida que se nutre de cotidianidad en una parada de autobús, en las tienditas, en los cruceros. Nos vemos, nos oímos, nos olemos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¡Oh indeseable invisibilidad!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la gente se saluda en México no se dice "te vi" o "te veo" sino "casi no me fijé que ibas en frente" o "no estaba segura de que fueras tú". Lo poco habitual es ser invisible. La invisibilidad sorprende, molesta, oprime. El gentío y la visibilidad asumen ese lado inverso. "¿Me viste?" -se preguntan las amigas a manera de saludo. La gente está sin estar en la visibilidad cotidiana: dejamos de notarlos porque porque no podemos dejar de verlos. No es que queramos ser singulares o reinar sobre el espacio, sólo aspiramos a no ser, nunca, invisibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sé que he llegado a un barrio de blancos cuando en las calles se apaga el ruido o se percibe, apenas, algún atlético corredor que va dejando las huellas aéreas de sus zapatos deportivos sobre el pavimento liso, recién asfaltado. Ni siquiera los perros ladran por ahí; están entrenados a mirar sin ladrar. No llevan bozal, no hace falta. Miran y el dueño dice "quiet", o los controla con la mirada y un tirón de correa. El animal, sumiso, entiende que la regla es silencio. Una palabra basta para hacer que se imponga el orden matemático del silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tocamos al más allá, le hablamos de tú a tú&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, a olores y color, día de muertos transgrede el diario acontecer de las comunidades que se cierran a la diversidad. La presencia se hace tangible, inmediata. Del más allá llegan los seres invisibles para dejar de serlo por una noche. El angloamericano los ahuyenta, se viste de espanto, invoca a los duendes para que los disuadan de venir. El mexicano los llama, los atrae con comida, con sus objetos familiares favoritos. En las casas se abren puertas y corazones, se prepara la fiesta, se apresta la música. La muerte es apenas otra dimensión de la vida. A ella iremos, por una noche, de la mano de quienes nos han ganado en alcanzarla. Es como si cada año ensayásemos a morir al tiempo que nuestros muertos ensayan a volver a vivir de nuevo entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Día de muertos atisba al porvenir. "Todos iremos para allá..." La certeza de la muerte nos reafirma el estar vivos. Vivos para contar y ser el puente entre el más allá y este más acá cotidiano. En el panteón nos sentamos sobre las lápidas, desbordamos hacia las tumbas vecinas. Nuestras flores y las de otros visitantes forman un tremendo puente de flores que ocupa el espacio entre nuestros brazos, de cabeza a cabeza, por sobre nuestras cabezas. "Un día a la veeeez, yo quieeeeero viviir, ayuuuuuudameeee hoy, yo quieeeeero viviiiiir un día a la veeeeeeeeeeeeeez. Ayer ya no existeeeeeee, mañaaaaana quizáaaas no vendráaaaaaaaaa ayúdameeeee hoy, yo quieeeeeero vivir un díiiiiiia la veeeeez". Los cantos se extienden armónicos de mundo a mundo, de dimensión a dimensión. Tocamos a nuestros muertos, compartimos el pan, los oimos darle un sorbo al chocolate o masticar un trocito de tamal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien no cree en todo esto es porque vive en la acepcia del mundo material. Algunos piensan que las superficies limpias con materiales químicos desalientan a los espíritus. Conocí a una mujer que vivía aterrada de que un espíritu viniera a su casa y se esmeraba en mantener todo muy limpio. De la mañana a la noche gustaba del olor a cloro y a pinol; la tranquilizaba el aroma que deja el aerosol sobre el ambiente. "Olor a rosas" podía leerse en el cilindro que hacía sonar una pieza metálica contra sus paredes interiores. Y rosas imaginarias con olor a aerosol asumían el papel tranquilizador de aquella mujer que no quería verse cara a cara, jamás, con espíritu alguno. A mí esa buena señora me dio la receta para librarme de una plaga de hormigas. Lo agradecí pero me quedó un mal recuerdo del olor a desinfectante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;En estos tiempos todos creemos en algo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ahora todos creemos en algo". La frase ésta la escuché de Vrodnia, una señora rusa que se pone como muestra de que los perfectos escépticos han desaparecido de la faz de la tierra. ¡Puede ser! Vrodnia se lleva a los labios una pequeñísima cruz de esmalte cuando afirma creer en dios. "Cuando yo era niña, dice ya al punto de las lágrimas, la gente no creía en nada..." En esa sola frase resume Vrodnia toda la sabiduría acerca de las creencias humanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, entonces, llevaremos el hábito del fraile, la mortaja de la novia, el velo de la viuda...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Día de muertos asumirá su giro de época y visibles, visibilísimos, circularemos con nuestro toque peculiar al curso de la luna... a nuestra manera, en nuestros propios términos... y trancurrirá, como cada año, este día especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta que me queda es por qué los anglosajones no se han atrevido a desearme un "feliz día de muertos". Verán, ya para terminar les aclaro esto último. Me dicen happy cinco -cuando se llega el cinco de mayo-. Me auguran happy mothers day. Se desviven por desearme un feliz día de brujas. ¿Por qué entonces no me desean "felices muertes" o ¨feliz viaje a la muerte¨?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecería que no logran separar el tono mórbido que asumen en la muerte de su proximidad con una fiesta que ya ha permeado el consumo masivo de espantos y motivos de noche de brujas. La muerte los apabulla, los atemoriza, les inspira respeto. Quieren conjurarla, mientras yo quiero abrazarla, tan sólo porque veo en ella los rostros de mis antepasados. Pretenden alejarla, cuando intuyen su aliento, bordeando la noche, merodeando en el ánimo. Nos ven como una especie de suicida con demiurgo atrevido y audaz que no supiera mantener cada cosa en su sitio, de lado a lado de uno y otro mundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay, San Judas! Ya mejor me sonrío y me voy con mis calaveritas y mi fiesta a otra parte.&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-113076719090375998?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/113076719090375998/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=113076719090375998' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113076719090375998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/113076719090375998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/10/das-especiales.html' title='Días especiales'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-112723903436077326</id><published>2005-09-20T10:54:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:21:50.920-08:00</updated><title type='text'>"Rompeolas de las eternidades"</title><content type='html'>&lt;a href="http://geografiaserrantes.com/ahogo/file-790382.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://geografiaserrantes.com/ahogo/file-787963.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Murió Alejandro Avilés. Esta foto junto a Dolores Castro, se la tomé en Zacatecas y apareció, créanlo o no, en el periódico Imagen, diario local, en la portada del suplemento cultural, el 11 de diciembre de 2000 –¡oh increíbles días que se fueron!- &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día celebrábamos en impreso las palabras de Avilés, vibrantes, conmovedoras en el homenaje a Dolores Castro, en tierra zacatecana. ¡Vaya personaje fuera de serie!  Avilés y Lola fueron grandes amigos –lo son. Esas amistades, sin duda, trascienden hasta la eternidad. El era una de esas personas que se fija en la memoria con un halo de unas doce pulgadas de ancho. Y tuve la suerte de retratarlos a ambos, mientras me contaban, sin prisa ni pretensión, algo acerca de sus brillantes vidas.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su trayectoria en el periodismo es insólita; como iniciar de nada y hacer una montaña de logros que luego toman forma y se vuelven una segunda realidad. Yo me acerqué a ambos, a Lola Castro, a don Alejandro, porque ambos irradiaban luz, de esa luz rara vez perceptible en el México que a mí me ha tocado vivir, un México de pocas esperanzas y grandes, qué digo, enormes problemas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Pues para hablar de las palabras, de su poder, de su pertinencia están ellos (don Alejandro seguirá estando) a través de las prensas, por más de que se modernicen, en cada modo de contar, en cada emblema que redunde en un impreso y una manera de plantear un punto de vista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pararrayos celestes, que resistís las tormentas; rompeolas de las eternidades”, evocó melodioso, entonces, un Avilés emocionado, luego que aclarar que Lolita, su amiga por 47 años, “competía con Darío…” “siempre está haciendo poética, esto es, dándonos una definición de lo que es poesía". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descanse en paz, Alejandro Avilés, el hombre, el amigo, el periodista, el poeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.septien.edu.mx/www/portal/"&gt;Escuela de periodismo Carlos Septién García&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.noroeste.com/web/body.php?body_nota=106059&amp;fecha=2005-09-18&amp;Seccion=137&amp;Direccion=Principal"&gt;El Noroeste&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=129613&amp;tabla=NACION"&gt;&lt;br /&gt;El Universal&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-112723903436077326?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/112723903436077326/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=112723903436077326' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112723903436077326'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112723903436077326'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/09/rompeolas-de-las-eternidades.html' title='&quot;Rompeolas de las eternidades&quot;'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-112710910944762842</id><published>2005-09-18T22:50:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:22:28.746-08:00</updated><title type='text'>De tragedia en septiembre y de septiembre a septiembre</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mañana lunes, 19 de septiembre, se cumplirán veinte años del terremoto que cambió los destinos de la ciudad de México en 1985. Pocas memorias viven tan inmediatas, tan a la mano, tan trágicas como esa. La televisión se volcará en detalles. Ninguna área de la cultura nos es tan familiar como la que deriva de una tragedia así. Veremos a los niños que perdieron a sus padres en el centro médico, como cada año, en ese aniversario de lo que sus vidas habrían podido ser. Nos conmiseraremos por la suerte de las costureras que no libraron la frontera entre la vida y la muerte. Lamentaremos lo que quedó entre los escombros. Lloraremos unas cuantas lágrimas y juraremos no olvidar, aunque sepamos que el hacerlo no depende nuestro empeño o voluntad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, congelaremos nuestras esperanzas en ese momento clave del recuerdo, de nuevo. Inquiriremos acerca de lo que vendrá con la nostalgia a flor de piel y nos lamentaremos, a través de esa lente trágica, por el futuro de un país que parece peleado con el futuro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si fuera una ominosa carga de penas que apretamos en el saco de la vida, evocaremos juntos, este septiembre, aquella fecha que removió los cimientos del país, aquel parte aguas que retembló en el centro de nuestra nación, de nuestras respectivas vidas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este año, un dolor especial se removerá en mi alma, el que acabo de experimentar a espeluznantes rebanadas a la hora del noticiero. La distancia no lo hace menos dramático ni menos estremecedor: hablo de las víctimas de Nuevo Orleáns, de las imágenes dantescas de “esos damnificados” aferrándose a la vida sobre el techo de una casa, o sobre la simple plataforma de una puerta, algún trebejo que en esa historia de horror se recicló en la bendición de salvar a alguno de la corriente fatal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, los refugiados de Nueva Orleáns se suman a tantos refugiados de tantas partes del mundo. Son los pobres que normalmente nadie ve, los pobres de estas urbes donde se piensa, hélas, que los pobres son pobres porque quieren. Y ellos, los que a menudo sobreviven con la ayuda gubernamental –el Welfare- de a setecientos dólares por familia o con el sueldo que las transnacionales fijan a 6 y pico la hora, tendrán que emigrar, empezar de nuevo, reconstituir el patrimonio, ya mermado de por sí por la pobreza, de la caridad internacional, de la buena voluntad de quienes de común no han aprendido a sentir compasión por los pobres, los de la calle de abajo menos que los del África o del sudeste asiático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://geografiaserrantes.com/ahogo/uploaded_images/Todo sobre ruedas 2-759109.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://geografiaserrantes.com/ahogo/uploaded_images/Todo sobre ruedas 2-756770.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de días escuché en Larry King a Bill Clinton, expresidente de Estados Unidos, lamentarse de que la mayoría de seres del planeta sobrevivan con una economía de menos de un dólar al día. Me pregunté por qué no se habló ahí de los que sobreviven con una economía de menos de veinte en California, en Florida, en Nueva York, en Illinois, en las dos Carolinas. La compasión como que se adelgaza cuando las cifras duelen en casa, o cuando se evitan para no pensar en el desastre interior, en la crisis insólita. Qué difícil pensar en abolir los controles del Welfare a familias que prefieren recibir ayuda gubernamental que trabajar en quasi esclavitud para compañías que pagan aún menos por un jornal de más de ocho horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que la pobreza interna de Estados Unidos crece de manera rampante. No viven mejor que en Somalia, Armenia, Pakistán o Antigua los trabajadores que obtienen un ingreso neto, por miembro de la familia, que no rinde ya ni para un tanque de gasolina, completo. Y esto, en una economía que ha liberado las rentas, convertido la venta de alimentos en ominoso concurso de la conserva barata y el almacén de latas. La gasolina está a tres dólares el galón y, por si fuera poco, se privatiza todo, hasta las escuelas y universidades  del estado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://geografiaserrantes.com/ahogo/uploaded_images/Home of the free-751804.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://geografiaserrantes.com/ahogo/uploaded_images/Home of the free-750131.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los desastres naturales duelen, claro, muchísimo. Pero lo que enfrentamos a diario, cada vez más visible, cada vez más en casa, es el desastre humano que por añadidura lo es también económico, social, cultural. Todos los días llegan a Estados Unidos, procedentes del sur del continente y de las aguas del atlántico y del golfo de México, cientos, miles de refugiados de la pobreza. Su llegada no es bien vista. No cuando quienes llegan, llegan a pie, en balsas maltrechas, en vehículos que luego se descarrilan cuando, incapaces de soportar las velocidades que alcanzan las patrullas fronterizas y de caminos, ven estallar sus radiadores y destrozarse sus llantas viejas del uso. Los que llegan no traen dinero ni ropa, vienen apenas con lo puesto. No cargan documentos ni equipaje. A su llegada requieren de todo, desde un vaso de agua hasta el cambio de ropa que les permitiría, en la hipótesis imposible del sueño americano, acceder a un trabajo, a una casa, a la escuela nocturna en donde aprenderán inglés, urgentemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tormenta, antecede a esta estampida de pobres, pobres hasta el extremo, a irse a empezar a otro sitio. A buscar el camino de la supervivencia necesaria, con sus familias, esperanzados, desesperados, uno dijera sin dirección…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-112710910944762842?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/112710910944762842/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=112710910944762842' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112710910944762842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112710910944762842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/09/de-tragedia-en-septiembre-y-de.html' title='De tragedia en septiembre y de septiembre a septiembre'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-112609914006096485</id><published>2005-09-07T06:18:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:22:49.603-08:00</updated><title type='text'>Para quienes nos miran de cerquita</title><content type='html'>&lt;a href="http://geografiaserrantes.com/ahogo/uploaded_images/Gustaf 2-729313.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://geografiaserrantes.com/ahogo/uploaded_images/Gustaf 2-727656.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;"She dropped her resistance: she was captivated by images suddenly welling up from books read long ago, from films, from her own memory, and maybe from her ancestral memory: the lost son home again with his aged mother...the family homestead we all carry about within us; the rediscovered trail still marked by the forgotten footprints of childhood... the return, the great magic of the return."&lt;br /&gt;&lt;strong&gt; &lt;br /&gt;                                       Milán Kundera&lt;/strong&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta semana me tocó acompañar a mi hijo Gustavo a inscribirse a su último año de preparatoria. Lees bien, acompañar, no llevar. Aunque fui yo quien condujo el auto y quien firmó los formularios médicos, académicos, sociales, en verdad iba como si fuera sombra. A los diecisiete años la mamá ya sobra. No quieres que nadie sepa, entre todas las que figuran en la cola, cuál es la tuya y hasta quisieras poder escogerla, cambiarla, mejorarla para que nadie asociara contigo a la real, la de todos los días. Tengo suerte, porque mi hijo se siente orgulloso de mí, o así parece. Se yergue a mi lado en silencio, la mayor parte de las veces que estamos en público, sin ocultar que soy yo, la única, la inconfundible madre que en el tono gris más pronunciado del sombreado que deambula a su lado por todo el plantel, lo acompaña. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este año no pude sino recordar momentos bellos. El más tangible, el que de verdad “parece que fue ayer”, apenas, es cuando lo llevé al Kinder, de la mano. Gustavo era un gordito sonriente que fijaba sus ojos en todo cuanto se le atravesaba. Parecía que tocaba con la mirada al mundo, repasándolo cauteloso y atento, una y otra vez, para el tiempo. Le tocó estrenar su escuelita en Del Mar aunque nos ausentamos los dos primeros meses de ese año para irnos a México, donde impartí un curso para el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer -PIEM, de El Colegio de México. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La escuela, nuestro cosmos primigenio&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La maestra, joven, entusiasta, nos recibió dirigiéndose a los niños y no a sus padres. Les daba la mano, intentaba hacerlos sentirse en casa, como si fuesen grandes. Gus demostró de entrada no ser un novato. Tres años en la guardería de UCSD, bajo el cuidado y guía extraordinarios de Trudy, su maestra, capitana de aquella nave activada desde el centro de operaciones Kid Pix, le valieron una gran seguridad. Desde entonces ya parecía que las computadoras eran su segunda naturaleza. Al primer contacto con su nueva escuela se detuvo en los libros el tiempo suficiente para darme a entender que estaría bien, muy bien. En nuestro caso, colegí desde entonces, no habría lágrimas ni trauma de separación. La escuela, era como una extensión de nuestras vidas o el cosmos primigenio. Gus nació en la Universidad de California en San Diego,UCSD, literalmente, en el hospital universitario, y había comenzado a ir a su guardería –La palma- el día en que dio su primer pasito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, llevaba casi toda mi vida en un plantel y no recuerdo año en que no haya repasado, por lo menos una vez, la anécdota del día en que mi madre me llevó de la mano al kinder, a punto de cumplir los tres, porque acababa de aprender a leer, con los monitos, y porque decía que me aburría en la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que Gus y yo, yo y Gus, nos rencontrábamos, en aquel año clave de su quinto año de vida, en terrenos francamente familiares. Pues Carmel Valley fue, la puerta de ese recuerdo, con sus molduras coloradas y su estructura de castillo mágico. &lt;br /&gt;Cuando regresamos de México, Gus, que ya leía de corridito desde los tres, se convirtió en el ayudante de su master teacher, la señora Dina Balfour. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por años guardamos sus libros de letras y fonemas y sus dibujos. Uno está en el recuerdo, único, irrepetible; es aquel en que le pidieron que dibujara a su madre. El procedió. Me puso una cabeza grande, con pelo negro, apenas visible sobre la frente y la parte de atrás de las orejas. Cubriendo el cuerpo espigado me colocó una blusa de rayas y una falda ampona, como de bailarina de can-can. Los dedos de mis dos manos eran largos también, en forma de espaguetis. Al calce, una leyenda insólita remataba la imagen que, cual instantánea amorosa, se fijó en mi memoria. “My mother is six foot tall and writes books” (Mi madre, escribe libros y mide seis pies.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Hace unas cuatro pulgadas me dejó&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no le parezco de seis pies. A mi modesto metro sesenta y dos Gus me dejó, hace unas cuatro pulgadas. Ahora me mira para abajo con la mirada dulce y condescendiente &lt;em&gt;del hijo mayor&lt;/em&gt;. Me corrige el inglés, &lt;em&gt;su deporte favorito&lt;/em&gt;; me invita, de cuando en cuando, a entrar en un pasaje de &lt;em&gt;No Fx &lt;/em&gt;o a soplarme enterita &lt;em&gt;Dinosaurs will die&lt;/em&gt; (los dinosaurios morirán). A veces me da por instarlo a que me revele sus aficiones políticas, o me cuelo en su cuarto para leer sus doodles (grafiteos), en hojas perfectamente detalladas que dibuja con letras pequeñitas que dicen, lo mismo que sus camisetas –que compra vía Internet-, inscripciones originales como “&lt;em&gt;I am not weird, I am just different&lt;/em&gt;”, “&lt;em&gt;Idiot savant&lt;/em&gt;” o “&lt;em&gt;That´s okay, I live in my own little world&lt;/em&gt;”. Ese hijo independiente, circunspecto y pensativo, me recuerda, a momentos, a la jovencita del chaquetón de pana negro con el bordado a mano, sobre la bolsa izquierda “&lt;em&gt;la vida es un blues&lt;/em&gt;”. Pero, casi siempre, lo encuentro original, diferente, en ese mundo que poco tiene en común con el mío, tan hábil hoy en las computadoras, como cuando rescató en preescolar el archivo que un compañero de salón había puesto por error en el expediente virtual de la basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no los aburro más evocando el martes que nació, en medio de un rebumbio de enfermeros e investigadores de biología molecular, porque se me ocurrió donar mi placenta para la investigación, por consejo de Linda, mi amiga bióloga, entonces mi compañera de apartamento, que hacía su doctorado en los laboratorios Firtel; ni cuando lo eligieron para el programa de niños superdotados –a vistas, comentó Sergio Pitol cuando le conté que los tomaban a prueba un año para ver si daban el ancho- pero luego mi Gus clasificó entre el 3% más alto de la escala. No contaré a mis anchas el episodio en el que obtuvo el premio a la olimpiada del conocimiento en su región -¡en Zacatecas!- con apenas dos años de estudios en México. ¡Para qué…! Si los mejores momentos han transcurrido a diario, en la asequible existencia de mi fanático de las computadoras que se prepara, paso a paso, para estudiar ingeniería; ese virtuoso del buen genio que todavía sonríe, aunque ya no es gordito, ni pequeño, ni requiere de mí para llevarlo de la mano a ningún sitio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Individuales, más allá de todo estándar&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no pude sino pensar que el año próximo irá solo a inscribirse; firmará el mismo sus formularios; se preparará a votar –republicano o demócrata-; obtendrá su licencia y conducirá su auto y su vida como mejor le parezca. No sé si he sido buena o mala madre, sé si que he tenido la suerte de ir a su lado, el trecho ya descrito. Nada de lo que él es hoy puedo adjudicármelo por completo. Los humanos somos individuales, mucho más de lo que quisiéramos. Tenemos nuestro físico propio, no obstante las características estándar de las que habla Kundera al aludir al tiempo de los humanos, en Ignorancia. Somos únicos en la mente, en la creación de nuestro espíritu, en la soledad de nuestros planes y aspiraciones. Mi hijo es un ejemplo entre millones. Así que quise compartir este momento grave con aquellos que vieron a Gustavo crecer, entre el trajín de la mamá soltera y la académica singular y renegada. De aquí para allá, entre congresos y veranos y cursos en el extranjero. Lo mismo en las playas de Almuñécar que en las pirámides de Cholula, o tristeando una tarde en Zacatecas, de esas muchas en que las vicisitudes del poder, que ni él ni yo digerimos muy bien, me llevaron a quedarme sin trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo pasa y hemos cumplido un ciclo. Otros vendrán con sus nuevos embates. Pero quise que sepan que su amistad y compañía han sido las piezas de este rompecabezas llamado madre. Muchas veces los amigos, qué digo, todas las veces, jugaron un papel decisivo. Por eso les dedico esta memoria, al garete, porque cuando uno vive y se percibe, además, en eso de intentar vivir intensamente, lo más bonito es compartir, contar… contarlo todo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-112609914006096485?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/112609914006096485/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=112609914006096485' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112609914006096485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112609914006096485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/09/para-quienes-nos-miran-de-_112609914006096485.html' title='Para quienes nos miran de cerquita'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-112579001135037615</id><published>2005-08-08T16:17:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:23:18.503-08:00</updated><title type='text'>El viaje mítico, más allá de toda jaula</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;A Laura Rodríguez y Uriel Martínez, sin cuya compañía y constante entusiasmo y amistad la vida en Zacatecas hubiera sido un deshilvanado andar sin dirección ni cometido alguno…&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Y por su amor a los libros y a las letras, que comparto sin límites, sin el más mínimo atisbo de duda…&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Y a Severino y su carreta mítica y liberadora, descarrilada hoy que nos deja, sin avisar…&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cuento de Navidad&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocí a Severino Salazar en uno de sus cuentos de Navidad. Lees bien. Nuestro primer encuentro no fue en persona, sino que lo hallé, di con él, caminando por el rumbo del mesón de la Mina, una noche de esas en las que el frío y las calles zacatecanas se confabulan, agazapadas en los textos, para motivar nuestra profunda reflexión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imaginarás que lo leí, palabra a palabra, su evocación de Rusti –fallecido muy poco tiempo después- fue mucho más que una invitación a recorrer aquella solitaria navidad –de tres que me tocó pasar, sin más familia que mis hijos y amigos, en la querida Zacatecas-. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su texto me llevó de la mano por las calles de mi rutina de entonces. Severino, como nadie, disfrutaba Zacatecas sin ensoñación ni idealizaciones. De cada portón a cada memoria almacenada para el tiempo. Lo guardé, luego, en mis recuerdos. Imaginé que algún día lo encontraría y le invitaría un café para contarle cuánto había disfrutado su texto Danza Delirante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tuve que esperar mucho. Un septiembre, de tarde, camino a mi casa de la Rayón, paré en la librería Universitaria. Laura Rodríguez me comentó de la próxima venida de Severino. Me pidió que comentara su novela &lt;em&gt;Pájaro vuelve a tu jaula&lt;/em&gt;, recién publicada por Plaza y Janés, y yo accedí de mil amores. Compartiría el honor con Mirtila García, Rosa María Campos y Uriel Martínez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez más, Severino aparecía, con sus imágenes familiares, esta vez presentándome la novela de unos niños que viajaban en carreta, cuál mítica odisea, de Tepetongo a Juanchorrey. La lectura de este texto fue, sí, una odisea real hacia las raíces mismas del terruño. Sin anclar de lleno en lo histórico y sin abrevar desaforadamente de lo mítico, cada detalle, cada giro en aquella travesía maravillosa de un grupo de adolescentes, aunque fatal, era más el viaje que un viaje. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La prosa bien cuidada de Severino era como una fiesta de palabras sin jamás caer en excesos. &lt;em&gt;Pájaro vuelve a tu jaula &lt;/em&gt;dejaba una semillita de alegría (semillas de memoria) en sus lectores… que luego, al final, se nos quedaba en un vuelco de muerte… extraña premonición que no queremos hoy mirar sino con la certeza metafísica de que aquí, en este plano terreno, no acaba ni se resuelve nada… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La invitación a la que aludo fue un 7 de septiembre y para el 28, un viernes, conversábamos, luego del solemne evento en el teatro Fernando Calderón, en el bar &lt;em&gt;El Paraíso&lt;/em&gt;. Es difícil extirparle a la memoria los momentos graves, intensos. Aquella noche, nos juntamos al salir del teatro Aída Martínez, Laura Rodríguez, Vicente Rodríguez, Uriel Martínez y Enrique Salinas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tertulia en &lt;em&gt;El paraíso&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al armar la tertulia no sabíamos con qué celeridad nos enfrascaríamos en la típica charla que recorre, en pocos trazos y muchos tragos, las frustraciones, las grandes fallas administrativas, los indecibles fiascos compartidos, en todo, por todos, contra el tiempo. Al final Uriel sugirió que iniciara yo una columna humorística fuerte contra lo que criticábamos y sugerimos, entre varios, que debía llamarse La Ruda, la planta milagrosa que nos evocó aquellas semillas de alegría que atesoraban los muchachos de Severino, esta vez, los de la novela que acabábamos de comentar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La velada terminó con Aída cantando rolas zacatecanas antiguas, con su maravillosa voz de soprano, sí, sí, ahí mismo –¿uno diría literal &lt;em&gt;El Paraíso&lt;/em&gt;?- entre las que se me queda yo tengo un ejido sembrado y florido y una casita blanca… Y están mis amores cubiertos de flores en una linda barranca… Si vieras a los maizales, como se mecen contentos, moviendo sus cabezales, al son de todos los vientos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de beber y brindar hasta la media noche, nos preparamos para irnos, al día siguiente, a Jerez. La visita esperada, de a tequila de por medio (al final el café brilló –o aromatizó- in absentia), se había hecho realidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y bueno, momentos así se quedan para siempre. Hablamos de los edificios, del magistral trabajo de cantera, de la presencia de manos cantereras sin par en la historia y el tiempo. Caminamos de cabo a rabo la ciudad para acabar en una marisquería, sacada de otras geografías –las frescas aguas de la costa sinaloense-, donde comimos los mariscos más frescos y sabrosos de todo Zacatecas -¡En Jerez!-. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Esta carreta de Jerez a Zacatecas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nota alegre la dieron las alumnas de la escuela de Humanidades. Habían solicitado un envío de libros que no llegó a la hora requerida. Se sintieron tan desoladas las jóvenes universitarias que acordaron hacer una lista con los nombres de las que habían pagado su ejemplar y, junto al nombre, la descripción somera que le sirviera a Severino para dedicarles el libro con algo más que sólo su firma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de dejar el recinto de la presentación en Jerez, las chicas desfilaron para que Severino las conociera y retuviera, en la medida de lo posible, el rostro y el nombre, juntos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya a punto de irse a México Severino cumplió con las solicitadas dedicatorias y lo hizo en una insólita y divertida sesión de firmas en las que corroboró que cuando la gente ve firmando libros a un autor, quien sea, se acerca para comprarle el libro. Eso porque todos tenemos cierta fascinación por los autógrafos, dedicados a nuestra persona. Así que Severino, siguiendo el guión de las alumnas, escribió las dedicatorias, personalizadas. Fue una interesante manera de pasar la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora Severino ha emprendido la travesía &lt;em&gt;en carreta &lt;/em&gt;hacia otro plano de vida y de creatividad. Su recuerdo nos llega con la tristeza de no haber tenido ni idea de la enfermedad que lo llevó a la muerte el domingo 7 de agosto; de que serían aquellos días, pasados en la algarabía de un par de tardes y veladas, tan salidas de la rutina, nuestro último encuentro terrenal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De alguna forma extraña esa carreta en la que nos trepamos –que eso fue aquel autobús que nos llevó de regreso de Jerez a Zacatecas- para dar el último recorrido que daríamos juntos, sin saberlo, &lt;em&gt;se descarrila &lt;/em&gt;hoy para enfilar, sin rumbo, hacia la amistad que trasciende los tiempos y los momentos finitos. No lo olvidamos, Severino. Repasaremos en tus páginas, en tu tremenda producción creativa, todo aquello que nos dejaste, para el tiempo de acá, para los días sin juicio que siguen al reloj, indefectiblemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los amigos que nos quedamos, dentro y fuera de México, el más sentido abrazo, con la certeza de que nos encontraremos en el recuerdo feliz de haberlo conocido y contado como un amigo más, como un amigo único.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Un brindis emotivo por Severino, el escritor, el zacatecano, el tepetonguense/tepetongueño, el amigo!&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-112579001135037615?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/112579001135037615/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=112579001135037615' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112579001135037615'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112579001135037615'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/08/el-viaje-mtico-ms-all-de-toda-jaula.html' title='El viaje mítico, más allá de toda jaula'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-112050983778685264</id><published>2005-07-04T13:41:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:23:40.483-08:00</updated><title type='text'>Murrieta en tierra propia</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;les maisons y sont si hautes, qu´on jurerait qu´elles ne sont habitées que par des astrologues&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Montesquieu&lt;/b&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Me moriré en París con aguacero, &lt;br /&gt;un día del cual tengo ya el recuerdo. &lt;br /&gt;Me moriré en París -y no me corro-&lt;br /&gt;talvez un jueves, como es hoy de otoño. &lt;br /&gt;&lt;b&gt;César Vallejo&lt;/b&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I   Acaso cronicar es contar o vivir comme il faut&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocí a Manuel Murrieta hace años, tal vez más de los que recuerdo. Desde el primer encuentro en el desierto de Tempe (nada desierta ciudad que se desdobla a la más mínima curiosidad, sobre todo cuando la abordas desde el portal de un diario en español del mercado yaqui de Guadalupe, Arizona) me convenció su pasión por el periodismo, traída de otras vidas. Manuel pertenece a esa rara estirpe de periodistas de verdad, que asumen su papel de informar contando, pese a todo, lees de verdad todo, lo que contar implica.&lt;br /&gt;Desde las páginas de El Observador, seguramente también por la entrañable amistad que lo une con quien fuera su dueño, me convenció a escribir semanalmente para sus páginas interiores de Cultura, tituladas ya CulturaDoor. No supe lo que prometía, cuando lo hice, y no bien rindes la primera entrega te urgen ya con la siguiente. &lt;br /&gt;La temática fronteriza y bicultural de aquellas páginas y el entusiasmo de Manuel compensaron mi esfuerzo inicial. Pero luego fue el esfuerzo en sí mismo, inspirador emocional y terapéutico; puntual afán al interior de mi cubículo donde, de otro modo, no pasó mucho más que la metódica abyección de una rutina improductivamente eficiente.&lt;br /&gt;¿Quién me iba a decir que años después sobreviviría haciendo lo que aprendí, de ese modo -que no era sólo escribir, editar o corregir líneas cuyo mensaje, ya pulido, parecía decir quería decir-? &lt;br /&gt;En CulturaDoor aprendí, más fácil dicho que vivido a pulso o a teclazos, lo que es la presión diaria o semanal del periodismo versus la modorra académica; el responder a gente que sí lee –y hasta desmenuza lo que escribes- sin permitirte la tregua que da el que tus palabras corran tan solo el privilegio de empolvarse, olvidadas, en anaqueles o atiborrados cajones o cubículos que ni su propio autor vuelve a leer jamás. &lt;br /&gt;Cuando en la redacción de Imagen lidiaba con un promedio diario de 7800 palabras, entre las secciones de Cultura y Opinión, declaré a Manuel mi entrenador periodístico –suerte de coach- avant la lètre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabo de buscar cronicar en El diccionario de la real academia española y recibo la respuesta estándar “la palabra cronicar no está en el diccionario”. Entonces se me antoja decir que Manuel la inventó y que me gusta para conjugarla en regular terminado con ar. &lt;br /&gt;Porque cronico, cronica y cronicamos, esta vida cronicable, croniquera, encroniquada. Trabalenguas para la historia, el cronista cronica sin que la crónica deje de dar cronicables momentos dignos de la más croniquera encronicada. O ganador de crónicas cronicables. &lt;br /&gt;El que logre cronicar lo incronicable será un buen encronicador. Y qué tal si en lugar de irse de juerga, irse de crónica o en vez de parrandearse, encronicarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II   Dicen que cada ser humano le merma cien árboles en su vida al planeta&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto al tiempo descrito se apilan los textos aparecidos en papel delgadito. No todos son buenos ni todos contables. Si se midiesen en papel las vidas, algunos de entre nosotros justifican -¿justificamos?- más que otros, con creces, los cien árboles que cada ser humano merma a la naturaleza, según cálculos, puntos suspensivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando corrimos la fortuna de organizar el Simposio de Cultura Popular Mexicana, en Arizona State University, Manuel y David fueron las almas contables, contantes y sonantes, más laboriosas y reales. A ello se sumaron, no sin aplauso, las veleidades de Brianda Domecq, enfrentada a un furibundo Leonardo Richtel –mano a mano- que conocía la trayectoria de la Santa de Cabora –personaje de una, paisana y heroína del otro-; los cabeceos de Volek, mientras se presentaba Sergio Pitol, y viceversa; la riña consabida entre quienes desean el sitio preferencial en todo cuanto se organiza, pagado de contado, en fajos que ni los narcos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, atribulados por el quehacer agotador que genera una actividad como esa, Manuel se me acercó para anunciar que afuera del salón –nos reuníamos solemnes en el elegantísimo Museo de Arte de la Arizona State University, Tempe- hallábase, furiosa, Fidelia Caballero. &lt;br /&gt;Imaginaba aquella sonorense riogeña y chapeteada –de gentilicio sanluisriocoloradense- que la audiencia sería, según tuvo que referir Manuel, multitudinaria, masiva, así que, reclamando fueros, avisaba que no habría de presentarse sino con cien asistentes, por lo bajo.&lt;br /&gt;Aquello me llevó a contar, pausada, a los diez adormilados oyentes de la última ponente de la mesa, que pareció avivarse con nuestros sordos cuchicheos, pero Manuel, supe después, ya le había dicho a Fidelia. “Pues ya quisiera yo una audiencia como ésa, Juan Villoro, yo [Manuel], de los pocos que hay ahí, genuinamente interesados en la literatura.” &lt;br /&gt;Ignoro si el efecto que tuvo en mí aquel comentario influyó en que Fidelia no cumpliera su amenaza. Al final, los tres simposios que sumaron la fase esa de nuestra proeza promotora de las letras en el extranjero no quiso ser superada, por nadie.&lt;br /&gt;Peo vinieron, eso sí, más vivencias que cronicar, de índoles varias. Junto a Améxica, las tertulias de Tempe y el Simposio, surgieron Imagen, La Llovizna, Olas Civiles. En Zacatecas, nos presentamos en equipo, con una audiencia impecable que abarrotó la galería, donde, en circunstancias semejantes, con otros de protagonistas, no se pararon ni las moscas. &lt;br /&gt;Y allá fueron Manuel, Leo Cervantes, David Muñoz, Orbis Press. Cronicazos su llegada, en caravana, desde Phoenix hasta Guadalupe, Zagatecas, pasando por Durango y Sombrerete. &lt;br /&gt;No darían estas genealogías para imaginar más posibilidades geográficas y lúdicas ni los caminos seguidos hasta Hermosillo, hace un par de semanas, donde ni nos olimos, David o yo, que Manuel estaba por ganarse el premio del libro sonorense, mientras taqueábamos la primera ronda de tres de asada, averiguando, entre cosas de menor importancia, si con tortilla de harina o de maíz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;III   Ojos de sonorense&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son pocos los textos que leemos en la vida y que nos inspiran la gana de decir que nos habría gustado escribirlos, o que dicen lo que a nosotros nos habría gustado decir. Tal vez por eso no recuerdo qué fue primero, si la torre de Eiffel o la de Murrieta; la vista por dentro, desde las tribulaciones de Gustavo, su inventor, o la que luce contra el cielo para deleite del río de turistas que se avalanza a diario, a Sena traviesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verán, pasé una corta temporada en el 32eme de uno de los edificios del conjunto que rodea al Hotel Nikko en París, en el Quais de Grenelle, a una salida del metro que lleva a la tan célebre y puntiaguda estructura de metal. Cada mañana, desde mi studio aérien, irrumpía, café en mano, sobre el recogimiento parisino. Otros, en mi lugar, se habrían sentido afortunados y hasta poderosos. Yo me sabía  una verdadera intrusa, atreviéndome a ver a París de arriba abajo, con irreverencia y desafío. La altivez posmoderna de aquellos rascacielos desentonaba, además, con la ceremonia amielada de la Eiffel, hasta ese año única vigía impasible de las mansardas y azoteas del Trocadéro. Afortunadamente no alcanzaba a verla, orientada como estaba hacia el puente Mirabeau. Me habría resultado insoportable enfrentarla, dame historique de Paris –el símbolo mismo del cambio de milenio-, de tú a tú, desde mi ventanal, semipolarizado, con tan solo una endeble armazón de metal, en color plata, de protección contra mi mal de altura. &lt;br /&gt;Al menos tuve el privilegio de compartir, tan inconcebible experiencia, con Louis Chevalier, quien publicaría su libro L´assassinat de Paris, al año siguiente 1977. Aquel enérgico professeur,  d´avant le soixante huit (de antes del sesenta y ocho), lamentó conmigo, su alumna, el afeamiento arquitectónico de la ciudad que Montesquieu alcanzó a cronicar, a escala humana, desde abajo –comme il faut-. Y, muy pronto, me mudé a Passy, a un tercer piso interior, donde unos días de pleitos de concièrge bastaron para constatar que París seguía siendo, en el nivel habitual y apresurado del rez de chausée (al ras del piso), la misma ciudad que todos anhelamos devorarnos. &lt;br /&gt;Pues desde entonces, hasta hoy, no había vuelto a recordar Grenelle ni las alturas de sus rascacielos. Es más, por primera vez confieso, salvo a través de la crónica de Manuel, jamás entré en la torre leyenda de mi los-entre-siglos-y-entre-los-milenios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, sí, viví París en dos ocasiones preñadas de maravillosos momentos y he estado ahí de visita muchas más, pero nunca cedí, como lo hizo mi paisano, a la tentación de hacer la largúsima cola que requiere ascender por la estructura metálica, eternizada por Eiffel. Tuvo que ser Murrieta quien activara esos hilos –enjambre de cables- hoy curiosa invocación que va desde mi breve residencia en Grenelle y el no haberme dejado seducir por los interiores de la tour – cual en un guión escénico- hasta Gustavo Eiffel, al tiempo en que imagino que recibe, según cuenta Manuel, uno de los primeros fonógrafos de manos de Tomás Alva Edison (sospechoso de haber nacido en Sombrerete y no en Ohio). Pues muy bien podríamos redimensionarnos todos -conectarnos- en una divertida crónica cuya protagonista indiscutible siguiese siendo la Torre de Manuel –que para algo sirvió al fin- vista minuciosamente por dentro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que me precio de conocer París como la palma de mi mano, necesité a Manuel –ojos de sonorense- para conseguir, por fin, el cara a cara con Eiffel, Edison y la Mata Hari, de pilón… y que todos apareciésemos bebiendo vin chaud en el sueño que Verne le confió a Murrieta, como de oreja a oreja, acabadito de salir de su pluma –la plume mítica que solicitaba anhelante Arlequín al buen Pierrot, al claro de la luna- cronicadora de sueños. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;IV   Te llamarás Manuel&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he leído sino unas cuantas páginas del libro ganador La grandeza del azar-Eurocrónicas desde París. Eso sí, debo presumir que las conocí en plena hechura, un poco menos que contadas de viva voz, a través del correo electrónico que conectó a su autor, aunque muchísimo menos que de habitual, con sus amigos de todo el mundo. Fue así como me enteré, en Zacatecas, de su paseo al Vaticano y de la divertida manera en que relata haber visto al papa, en medio de la mayor muchedumbre que ha debido rodearlo, a Juan Pablo Segundo en miniatura, colocado en el mítico balcón que da a la Piazza di San Pietro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que la crónica, para Manuel Murrieta, es sistema de vida. Hacerla conlleva una manera de ver, de registrar los datos, a cabal precisión, para luego elegir cuáles y cuando contarlos. Tal vez por eso el París de sus páginas resulta que se entrevera con el París personal, visto y sentido; ese que nos descubre al patriarca peruano o a la Madame Dicure, asilada eslovaca; el que nos lleva a imaginar la ducha al final del pasillo o la escalera oscura de camino a la chambre y la chambre misma, medible de pared a pared a la extensión sencilla de ambos brazos. Manuel revive en su manera de contar lo visto y lo no visto, depositando en nuestro afán viajero aquello que despierta en cada una de las ventanillas del recuerdo que haya podido parecernos propia… junto al deseo de regresar a fijarnos mejor o a hojear, esta vez sí, aquella insólita revista de latinos que anunciaba mudanzas, envíos monetarios a Argentina o sitios para matar el hambre con causita peruana o papas a la huancaína.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que me pasa con cualquiera de los textos de Manuel es que los recuerdo como si hubiera estado en ellos, metida, de testigo. O estuve, sin saberlo, a efecto de vidas que parecerían por fuerza antecedidas de la magia ancestral de la palabra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso sí, jamás vaya a ocurrírsete cambiar un nombre o equivocar la fecha… Sin acordeón ni nada, así nomás, por el gusto de recordarlo todo, para contarlo, cual si el azar en su grandeza insólita, antecediese, con su debido valor regenerativo, a toda vivencia, a todo texto, a la historia que contamos y que nos contamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¡MUCHOS AZARES DE ESTOS, MANUEL!&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-112050983778685264?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/112050983778685264/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=112050983778685264' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112050983778685264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/112050983778685264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/07/murrieta-en-tierra-propia.html' title='Murrieta en tierra propia'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-111990324391978256</id><published>2005-06-27T13:11:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:24:05.593-08:00</updated><title type='text'>De político a mesías</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El presidencialismo mesiánico ya renace en México. Será en julio cuando el fervor entre en su punto máximo. Y todavía no sabemos, bien a bien, si esto es acto político o aparición.&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Lopezobrador, lopezobradorismo, lopezobradoristas. Acabamos de dar en México con un mesías nuevecito, recién salido del paquete. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Si me sacas de pobre, niñopita, voto por ti.” Ya se aprestan las mañanitas y las cuelgas, por una concesión de taxi o una plaza permanente en gobierno. “Mis vítores y cantos si se me hace una chamba de jefe para arriba.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el mesías, asume con buen juicio la regla de no compararse con el anterior, ni de creerse más chiquito que el próximo o los que vendrán. El mesías goza de su breve reinado entre la feligresía, llamado a sanar, salvar, dar – ¡qué digo!- a convertir piedras en panes y jarras vacías en abundante fuente de vino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace seis años ese altar lo ocupaba Vicente Fox, Chente. Un poco más atrás fue Marcos. Esto del niño salvador no es metáfora ni caso aislado, es práctica de vida, acto de fe. Al niño en turno lo tomamos desnudo, como del nacimiento; lo vestimos y acicalamos para ir con él de casa en casa, prodigándole mimos y cuidados. Si nos resulta renegado, lagartón, ingrato, le perdonamos todo y alardeamos sus buenas intenciones cual si fuese hijo de sangre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;¡Sosiégate, aguafiestas!&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Debo ser de la pasta de mexicanos que no se entusiasman con nada, la ventisca soplando en días de sol su nubecilla temporalera. Pero no piensen que voy a repasar historia, apenas acudir a la última intentona de vestir mesías presidenciable para luego depositar en tan suprema alteza nuestras golpeadas esperanzas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay que ir hasta Morelos, al cura, a Madero… al tata Lázaro … si Fox iba a salvar a las madres solteras de la ignominia del abandono. Fox juró erradicar violencia, pobreza, hambre, desigualdad. ¿Chiapas? “¡Denme quince minutos! ¿La ciudad de México? El puro mundo –seguro y feliz- diligente y prendido de la chispa –de- la- vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan sólo en ese microcosmos del campo mexicano que es Zacatecas, en donde la muerte del ejido antecedió -vaya infortunio- el feliz alumbramiento de la democracia foxiana, la gente se volcó en pro del guanajuatense. La simpatía que despertaba no tenía lógica, la llamaron “voto útil”. De todas partes, corrientes y partidos llegaron cartas, comunicados. Fox, el mesías en turno, viajaba en andas, para banquete de los corresponsales extranjeros, alabado a voz en cuello por muchedumbres de toda la república mexicana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Balance en rojo&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Hoy más que nunca, seis años después, los hombres del campo se van, cierran sus casas, postergan sus afectos, sus sueños… salen en vans, en autobuses de línea, en coches y camiones de redilas… los dejan en la frontera, donde inicia la trama del presente. Fracasaron los microcréditos, la changarrización, los programas de madres y niños de la calle. El éxodo es apabullante, sombrío, conmovedor, indignante. De cada municipio parten, con distintos rumbos, cierran escuelas, dispensarios, centros comunitarios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sorprende? ¡No! Durante años toqué puertas, de casa en casa, por todo Zacatecas. Con gran frecuencia encontré mesas vacías, salas abandonadas, familias incompletas… Mis vecinas de enfrente eran dos viejecitas cuyo negocio de abarrotes simbolizaba su último contacto con la tierra. El resto de su día transcurría entre la sala o la recámara de casa y Chicago; entre los meses de feria y Los Ángeles. “Mi padre, mi hermano, mi cuñado, mi sobrino…” enlistaban con facilidad a sus ausentes aquellas diligentes ochentonas mientras sumaban sobre un añejo apunte el precio al alza de la sopa, el jabón, los refrescos, los tarros de salsa o mayonesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un puente imaginario que se extendía hasta Utah sacudía cada agosto la realidad del sastre que tristeaba el resto del año en su local de la plazuela del Vivac. El sastre de mi cuadra se sostenía vendiendo mochilas, pasadores, medias, cosméticos que sus parientes le envían de acá, desde que el negocio se puso flojo. Se le fueron los seis hijos, las nueras, los nietos, las nietas, uno por uno, cada cuál con su derrotero y su esperanza.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;b&gt;¿En dónde se nos quedó el futuro, si tantos se han ido?&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Muchos de Lampotal, de Veta Grande, de San José de la Era, están en Estados Unidos. Se van para sobrevivir. Cuando empiezan a enviar remesas a sus familiares el gusanito de salir se va esparciendo entre los que se quedan. Si hasta parece que acabarán por irse todos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso ahora, entre los de acá, el tema también es Andrés Manuel López Obrador, el Peje. Sobre todo desde que lo entrevistó Jorge Ramos. “Pasó después de La Madrastra”, presumió Reme, su hijo se lo grabó en DSL. Ahora Reme ya pide que llegue López Obrador y testimonios de su milagrería circulan por Vista, Fallbrook, Rialto, Murrieta. Este mesías con rostro de pez y cola de lagarto le puso una pensión a la abuela del Cuco; le arregló su asuntito a la tía de Francisco, le dio trabajo al suegro de Adelina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una maestra de literatura me lanzó tremenda retahíla porque no muero por López Obrador. Una vieja compañera de la escuela me increpó con furia luego de que puse en duda los poderes de AMLO. El embrujo es genérico, generoso, generador.... Muchas capitalinas ya ven en AMLO al santito que las sacará de la inercia, el desempleo, las deudas, la soltería, el abandono. AMLO para el mal de ojo; AMLO para el empacho; AMLO en lavanda para atraer galán; AMLO de cabeza para que el casero no les suba la renta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el soltero AMLO embarnece en su nueva realidad de ídolo, de líder excelso. Ya sueña que es Madero aunque sin lema, Flores Magón, sin causa, Cuauhtémoc, sin herencia ni karma. Se jura reencarnado del juarismo y del antiimperialismo de tiempos de Maximiliano. Pero, sobre todo, bautiza, confirma, casa, descasa, toca y sana a quien acude a sus públicas sesiones milagreras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pa' luego, para las vacas flacas de nuestras fantasías, dejamos el análisis, la crítica, el desencanto. Por hoy, nos aferramos al plano de los aparecidos, la Nirvana de los llamados a dividir el territorio en dos, como quien divide las aguas de nuestro campo muerto. Ave María San AMLO, señor de Macuspana, niñopita milagrero de la Chontalpa, Amorcito corazón, corazón, corazón de la mismísima patria mexicana reencarnada en una damisela querendona y cantarina que habrá de llevarte en andas, hasta la presidencia mesiánica de la patria mexicana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como en las mejores películas de Pedro Infante, porque lo demás son puras telenovelas…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-111990324391978256?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/111990324391978256/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=111990324391978256' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990324391978256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990324391978256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/06/de-poltico-mesas.html' title='De político a mesías'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-111990996836645292</id><published>2005-06-18T14:59:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:24:28.500-08:00</updated><title type='text'>Imaginomios</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Para desamodorrar audiencias, romper con la linealidad e incitar al proceso creativo&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Es urgente destruir ciertas palabras&lt;br /&gt;Odio, soledad y crueldad.&lt;br /&gt;Algunos lamentos.&lt;br /&gt;Muchas espadas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eugenio de Andrade&lt;/i&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Definición:&lt;/b&gt; Imaginomios es imagen-testimonio. Siempre se vale contar a tu manera, porque eso es contar. Los relatores nos heredaron poder y don. Gabriel García Márquez lo coligió al cabo de varias novelas y apuntes para una autobiografía. La vida no es como la vivimos sino como elegimos contarla. Las páginas no se emborronan nomás para decir sino para aprender a ver, en sintonía con el que ve, con el que vive y vibra lo que ve y luego hasta se atreve a compartirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Vayamos al contar&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Hermosillo tiene algo más que todas las ciudades del planeta. Ya dije que otros inventaron ciudades ficticias, como Macondo, porque jamás anduvieron la Rosales de acá, a pleno sol de junio. Y no me digan que no fue aquí que se inventó lo de irse por la sombra, hacer sombra, a la sombra… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Hermosillo me siento en casa. Nada tendría de extraño, es mi casa. Pero se sienten en casa, igual, los visitantes, como si el círculo se ensanchara al recibirlos, a manera de abrazo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, por lo pronto, me regodeo en este calor de hogar; bajo este sol recalcitrante que calienta sin quemar (eso se lo robé a Alonso Vidal, o tal vez fue a Ismael Mercado, que no varía, ni un ápice, su capacidad de solemnear, lento y tendido, sobre el espacio que lo escucha sin parpadear).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Pero tomemos a este toro por el principio &lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Salgo del limbo del viaje entre aeropuertos –de Tijuana a Hermosillo- sin escala ni contratiempo- para encontrarme a Sylvia, como si fuese ayer que dejamos de vernos en persona… porque Sylvia Aguilar Séleny es caso aparte en esta especie humana que se comunica lo mismo vía Internet que al aire, en vivo, en persona, en el marasmo de las instituciones. Ella nos cuenta que Piporro es Dios, pero ay… interconstancias de esa Sylvia remix que es puro diosa vengadora y sublime. Si no pasó de diez minutos pa´ que trajera a mi apretada agenda a todas las amigas, a todas, absolutamente a todas. Gaby González, Maria Antonieta Mendívil, Rita Plancarte y, la Dolores (que ni falta hace mentarla del Río), mi tocaya estelar, de quien empiezo ya a contar los éxitos, proemiando que es ella la Dolores mientras yo soy una de entre el resto de por lo menos diez millones de tocayas… Ésela la Sylvia… a cualquiera del éxodo va y lo rescata con una sola de sus dos manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A punto de ingresar en el círculo estrujador del terruño, descubro que acabo de viajar por los aires desérticos de mi presente, sin enterarme, junto a la Flora Calderón y el Pancho Morales –crema de doble nata-. ¡Qué tiempos estos del olvido instantáneo! O habrán sido los años y las canas… el sombrero, las pulseras que Flora se quitó en su nuevo yo… Pancho que ya no es el galanazo que era, aunque nos lance esos mismos fulminazos (juro que existe la palabra) que ahora le regala al mar de Rosarito, o a la única anglo-hablante comedora implacable de chipotles, de a cucharada, con el registro insólito de sus dos claves… y el sombrero que es. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo caso, el epicentro de Hermosillo acaba de ponernos a Ensenada, Tijuana, Rosarito y hasta la mera punta de Tecate… en frente…con otras muchas canas más y la añoranza de algún tequila reposado, candente, para encontrarnos… va de nuez, en mi ciudad de cruz de neón, aunque los años y los tragos se conviertan en coche calabaza y el reposado en ese bacanora de fuego que me eché, como si nada, poco antes de acabar en la silla de Flora y con Rafa Saavedra en las piernas ¡vaya chahuistle! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo al Savín –suerte de Midas solitario que toca trozos de oro y los convierte en palabras- pudo ocurrírsele guardar la fe de que vendría, en viaje casi cósmico, interrumpido por un largo paréntesis en Zacatecas… Dije El Savín o dije Jeff Durango o Raúl Acevedo. No son tres, son uno, único, también en su tipo y oficio prestidigitador de encuentros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y algo pasó, pues esa fe constante dio para más. David Muñoz y yo y Manuel, que no se sale de orbis, ahora metido hasta la cabeza en el oasis poético. Más los de lejos y de cerca, de por allá y de por acá –faltó Saúl Cuevas- atiborrando las tarifas económicas de Aero California y cuanto vuelo, digo, porque llegamos de por todos lados, literalmente, desde Fadanelli land y un séquito traído de la capital, hasta la mera Moravia, Sri Lanka y creo que Sarajevo, de pasada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sonorenses, afables, cariñosos, expresivos y tiernos convocaron –invocaron- a escritores, periodistas, aficionados, hacedores de canto, bailarines, troveros, compas de magia, antropólogos, gigantes, trompetistas, el de las congas y las sopranos, en opereta poética, con sus respectivas parejas de voz, de cante hondo, a la de acá. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Caray! Esta Sonora suena a sonora realidad, la suficiente para cargarse de energía y seguirle, por allá, en el exilio que duele menos cuando se sabe que hay un punto tan digno de llamarse casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Y vayamos a más hechos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horas de junio, que comenzó a manera de patín soñador, de vamos a brindar por la poesía. Se defiende, gracias a la persistencia de Daniel, de Ismael, de quienes nos visitan desde el cosmos, Villa, Volker, Abigael… tan sólo porque la poesía no se puede dejar avasallar por nada… ni siquiera por el trajín que a diario nos impide dedicarnos a lo que más nos gusta… que no siempre se puede.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Horas de junio ya lleva trayecto, historia, peso, resonancia… &lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso sí, el premio mayor, la mención principal, la llevan los asiduos a ser, en comparsita, sin que nada ni nadie nos lo impida. Alejandro Aguilar Zéleny, Paco Luna –que no es ni lunático ni de la luna, aunque se esfuerce y se enfurezca ahora con el bastón de mando, arremetiendo a voluntad- Paco de siempre y de otras vidas, cuyo encuentro fortuito en ésta, tuvo que ser en El Seven, en el 87, la primera vez que vine al Kino, yo de visita, y todos discutiendo la transculturación y las fobias teoricopráxidas (cualquier palabra inventada cabe en esa boca legendariamente teórica) de la insólita Paca Perús y su exmarido desalmado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Paco –ya entrados en el tiempo y sin la Paca- persiste la infinita sensación de haber estado siempre, tal vez porque estudió en la misma calle donde yo, años antes, nací, para aprender a ver, a oler, a transgredir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya me olvidé la de coloquios y encuentros que siguieron, entre Tempe y Hermosillo, de Ensenada a Hermosillo, con el Kino a manera de testigo de honor –aunque le hayamos chaqueteado con el Gándara y el hotel cinco estrellas de malpaso –porque de que se dan…- ese de junto al Centro de Artes, que ay señor… ya me olvidé, decía… de cuantos van, para apuntarlos todititos en un compendio de encuentros divertidos, sentidos, querendones. ¡Si hasta hubo un año de suspiros por Seymour Menton con todo y la antología del cuento mexicano! Y los de Juárez y las de El Colegio y un montón de recuerdos y de nombres que luego ya no son recuerdo de tan viejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y claro, hay que pensar que vendrán otras diez tandas de horas, para cerrar el círculo cabalístico con la nada cabal certeza de que así nos seguiremos a otras vidas y a otros cosmos, con la fiesta y las letras y las apariciones y los trajines de organizar encuentros y coloquios, tan solo por el gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imaginomios, manicomios, binomios, trinomios, testimonios, plurinomios… estas memorias deshilvanadas y celosas, quieren rendir homenaje al momento -desde el primero- a lo vivido en pasión por las letras y el gusto de escribirlas y retorcerlas y verlas en impreso, aunque nos cueste sangre… y que Murrieta (Manuel eres y Manuel por nombre llevarás) siga patrocinando en línea y en papel nuestros desmanes, los de él incluidos, y alguno que otro descolón –que colados los hay y sobre todo olvidadizos-, que siga el chorro de desmanes imaginativos, creativos, transgresores, de dentro y de afuera del círculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;¿Qué nos llevamos en el morralillo, esta vez…? ¡Abreviemos!&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Nuevos amigos y paisanos (que los paisanos siempre ocupan un sitio más altito en el corazón). Viejos amigos y viejos paisanos –que a muchos ya los mencioné y demás-. Así quedan los nuevos para el broche de oro que ya reclama su lugar en este espacio –y sin ofender a los que se me escapen… Rafa Saavedra, el primerito –sí, sí, aquel chahuistle de las piernas justo en la silla de Flora- y Omar Pimienta –segundito but not least- (con quienes también compartí avión sin conocerlos pero que nos hicieron el desaire a varios, cuando se fueron a beber y a dormir por ahí de las doce del viernes), José Luis Martínez (a quien le debo la recuperación feliz de mis lentes perdidos y de una que otra memoria de Perú y de la mesa, su mesa, que queda por contar en una entrega aparte)… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rubén Rivera -nunca falta un paceño- que fabricó el poema que pedí, rebasando, con mucho, las virtudes del anagrama y que se trajo en la sonrisa todo La Paz junto con algunas memorias colectivas de las lunáticas de por allá. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia Brandon, la bailadora de jarabe tapatío cubano a ritmo de mambo… cuya amistad me fue entregada antes de La Rosales donde buscamos juntas La Abuelita, para desayunar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel Camacho, que me llevó de la mano de la prensa que añoro conocer mejor y a la que busco siempre para compartir mi voz, entre los míos. A punto de fumarme mi antepenúltimo cigarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para otras entregas que vendrán se me queda la taquiza con Manuel y David –de a tres de asada por cabeza, ¿o fueron cuatro?- repasando amores y odios, confiancillas, pasiones y recuerdos de la vida de Tempe, desde el hoy, por encima, por abajo o por cualquiera de los cuatro lados pero fuera de los círculos del poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se queda la comida en casa de Graciela y Graciela y Julieta y el compa de Coahuila –con quienes compartí el taxi después del bacanora y antes de que acabara de salir el méndigo camión- y el Santo, que libra el estelar –aunque de enmascarado anónimo- en la posteridad de mis imaginomios de después. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que dejar pa’ luego los detalles sabrosos, como el abucheo al chilango, Carlos Impopular Martínez Rentería, cuyo nombre aparecerá, lo juro, al pie de su fotografía ¡conmigo! –mi regalo para la posteridad-. El peinado especial, estilo punk que fue tema nocturno; la mención a la doña presidenta del club de fans de la revista Regeneración, en San Luis Río Colorado –perdón hasta San Luis Río Colorado- cuyo nombre pasa al registro, ya de por vida, como Librada Caballero, alias Fidelia, Fidelísima (¡ay de Martínez Rentaría si alguna vez llega a llamarme Angustias…! Que saque el acordeón y no ponga los tragos de pretexto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para luego dejo el estelar de Paco, Luna otra vez, blandiendo su bastón contra quien fuera… y antes de abandonar el escenario con dos sabios y renombrados autores pendientes aguardando turno que, neta, no escuché.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperemos que lo que se genere y regenere sean estos encuentros –que previos los habrá vía el papel y las pantallas luminosas- Por ahora les digo hasta Las Undécimas Horas de Junio en las que, porfas, el homenaje sea especial, multiplicado, para todos los que han hecho de Hermosillo, imán de junio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horas de junio como las horas que se cuentan de a dos o de a diez. Horas de junio para que todos sepan que fue aquí que se idearon, sonoras, señoras horas, horas de todos los de casa, porque sin ellos no habría nada más que un desbalague poético sin su epicentro cálido, caluroso… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como por tema y cantaleta diaria yo cargo a la frontera, de mi lado residencial… aquí declaro el límite de todo lo soñado y esperado. Que solo aquí, en Hermosillo, puedo decir aquí nací … como nacimos y nacieron estas horas… y aquí mismo escribí, de puño y letra, tremendo pie verboso para estos imaginomios, como insomnios que habrían podido ser anagramas, deuteronomios, ¡demonios!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Por la pura gana de escribir y recordar o recordar escribiendo o recordar que escribimos y que escribimos recordando que escribimos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Imaginomios (hay quien siempre se atreve):&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Dios dijo: “Hágase la distancia” y pintó una raya.&lt;br /&gt;Los hombres dijeron: “destrúyase la distancia” y pintaron otra para crucificar sobre las dos a Jesucristo.&lt;br /&gt;Jesucristo resucitó:&lt;br /&gt;¡Vivan las rayas!&lt;br /&gt;Entonces la vida se volvió ladrido y cacareo,&lt;br /&gt;Hombres pulpo, pelota y payaso.&lt;br /&gt;Pero sobre todo risa,&lt;br /&gt;una risa grande, llena de dientes;&lt;br /&gt;una sola alegría subiéndose la falda para enseñarte los calzones.&lt;br /&gt;¡Mi frontera es esa!&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Rubén Rivera&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Frontera falo.&lt;br /&gt;Robo de identidad.&lt;br /&gt;Olor atávico.&lt;br /&gt;Nacionalismo errado.&lt;br /&gt;Tantas lágrimas…&lt;br /&gt;Empieza el martirio.&lt;br /&gt;Ramillete de espinas.&lt;br /&gt;América violada.&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Silvia Brandon Pérez&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;(epicondena trasnochada de luego de la llegada final de los del camión, a puro grito y mandándose a la verga, ya entrados en alturas) Flora Calderón no cumplió su promesa de donar un anagrama, poema o lo que fuera, para el grafitti de una barda de lámina de acero reciclado o de fronteras como espejo, en proyección futura. Nos la debe para CulturaDoor, ahora en exclusiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando amanezca, si amanece, todos irán a Guaymas. Yo vuelo pa´ Tijuana y a casa, vía Otay de lámina o minute…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que esta crónica, literalmente, se queda &lt;i&gt;sin final...&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-111990996836645292?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/111990996836645292/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=111990996836645292' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990996836645292'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990996836645292'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/06/imaginomios.html' title='Imaginomios'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-111990278157447379</id><published>2005-06-15T13:03:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:24:51.430-08:00</updated><title type='text'>Color Coded. La lacra del racismo ancestral</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En inglés se dice que tiene el pie en la boca quien profiere imprudencias y Vicente Fox lleva en la suya la bota vaquera número quince que calza con denodado desparpajo. Pero enfoquémonos en el tema del racismo expresado en aquella frase desafortunada de que ni a los negros les gusta el trabajo que hacen los mexicanos en EEUU. Asevera Fox que fue malinterpretado y se niega a asumir culpas. Su discurso boquiflojo e antidiplomático no le hace olas en la conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No cabe, pues, imaginar que colija, el señor presidente, que no sólo injuria a ciudadanos de otro país, con las que juzga benignas ligerezas. Cancela este hombrón que se auto promovió de gerente a presidente toda posibilidad de diálogo entre los mexicanos también tocados por su racismo y clasismo expresos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En México, códigos de color rigen en todo momento. Inútil asumir que la constitución dicte igualdad. Contra la jurisprudencia moderna, las prácticas añejas, enraizadas en una conciencia de clase y “color”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Unos coludos y otros rabones&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Un prietito en el arroz se evoca cuando se quiere hacer notar un error o un contratiempo a superar. Denigrar, se infama a quien se considera por debajo de los niveles aceptados. Pero el color racial no se limita al negro; los grupos étnicos que sobreviven al genocidio de la conquista son vistos con desdén. Raza piel roja, se apunta en jerga común a danés o apaches. Amarillos o chales, se codifica a los asiáticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benito Juárez nació zapoteca y propugnó, vía el liberalismo, la creación de un régimen igualitario e incluyente. Pero después de él no ha habido otro presidente indígena. Los blancos se encargan de impedirlo. Cuando Zapata tomó las armas al grito de -tierra y libertad- signó su condena a muerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En México los políticos pactan, desde el poder. Cuando les da por volver difusa la línea entre la clase dominante y lo que ésta considera el peladaje, se van o mueren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Los funestos e indiscretos encantos de la burguesía mexicana&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Indio pata rajada, pareces indio, te salió el indio, indio ladino, figuran entre la plétora de insultos raciales que profiere, de la mañana a la noche, el mexicano “de clase” o “casta”. El habla verifica y mimetiza las prácticas separatistas más cotidianas.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En colegios y universidades privadas uno se juraría en país europeo. Ahí, el blancor acusa la subrepticia selección que filtra a los morenos salvo por la cuota de becas que impone la secretaría de educación a esas instituciones exclusivas. ¿Y por qué la cuota? No es conciencia o amor a la raza. Los colegios de paga, más costosos que Harvard, Yale o Princeton, operan por fuera de la constitución que impuso educación laica, obligatoria y gratuita para todos los mexicanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su mayoría pertenecientes a órdenes o grupos religiosos, los planteles privados tienen por meta separar a elite y peladaje, manteniendo los privilegios de clase a flote. Su estrategia mercadotécnica es clara; se llaman Godwin, Oxford, Everest, Lancaster, Greengates, Greenhills, etceterilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Una mexicana que fruta vendía&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;En el imaginario infantil se fosiliza la plaga del racismo. El famoso juego de la lotería simboliza nuestros estereotipos. Junto a dama y catrín, de tez blanca, negrito y apache. La corrección política –political correctness- jamás ha tocado los medios educativos o culturales mexicanos.  Los infamados no son únicamente afro americanos o indígenas. El discurso arremete contra mujeres, niños, judíos, árabes, gallegos, polacos, gitanos u oficiantes de labores del campo y el mercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mirada al catálogo de expresiones permitidas basta para ponerle al más templado –de afuera, claro- los pelos de punta. A las mujeres se las moteja viejas, gordas, rucas, fodongas, marimachas, marisabidillas. A los judíos, arbanos o judas. A los árabes, turcos (ofendiendo, en la burda confusión, a unos y a otros). Insultos comunes contra las señoritas de clase son tortillera, chimolera, placera, barrendera, piruja. La colección incluye coloquialismos varios: pastusa, palurda, patuda, cholita, chona. Cualquier condición es objeto de mofa, pie grande o descalzo, apariencia o aliño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los mexicanos evaden el contacto con el mundo infamado; sus construcciones inician con la barda. Los indígenas, por lo general, habitan en ciudades anexas o pueblos marginados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchísimos migrantes van del campo a la ciudad, donde se emplean “de planta” en las casas de los ricos. Cuartos de servicio o cuartos de criados se llama con desdén a la zona de la casa destinada a los trabajadores domésticos. Comen aparte, se bañan aparte, viven en condiciones inferiores. A menudo sus cuartos maltrechos son de azotea o traspatio o se les improvisa en sótanos, húmedos, fríos, inhóspitos, desoladores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tales contrastes son experiencia educativa para los hijos de los dueños de casa. En ellos el afán clasista echa raíz profunda. ¡Se sienten y se saben superiores!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blancos los maniquíes, blancos los actores, blancas las reinas de belleza, blancos los ejecutivos, blancos los políticos, ninguno que no lo sea puede aspirar al sitio privilegiado de los de tez clara. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Juntos pero no revueltos&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;El apartheid físico y psicológico, tan indignante, da cuenta de una parte del éxodo a Estados Unidos. El sórdido contexto que expulsa a varios los lleva a percibir el racismo de acá más sutil y llevadero, algunos caen en la aberración de considerarlo “civilizado”.&lt;br /&gt;Español peninsular –se elevaba a mayor rango al europeo- para así aspirar a cualquier cargo o dignidad imperial mediante previa prueba de limpieza de sangre. En España se repudiaba así, al judío converso – llamándolo marrano- al hereje, al moro, al gitano.&lt;br /&gt;A las relaciones sexuales interétnicas se las tachó de cosa del demonio. Las castas apuntaban a los orígenes culposos del mestizaje. Todo en el imperio dependía de sangre y raza. Se categorizó y estratificó a mulatos, zambos, cuarterones, chinos, castizos, coyotes, saltapatrás. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Güerita oxigenada de mis pasiones&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;La obsesión del color continúa verificándose en cada nacimiento. Los familiares del nuevo crío inquieren si es blanquito, desde su nacimiento. Cuando las madres tienen hijas rubias, las promueven como tal. “Es güerita”, se distingue a manera de sinónimo de bonita, a la que no es morena. &lt;br /&gt;La industria de la manzanilla, del tinte y de los blanqueadores químicos produce fortunas. Las pocas actrices mestizas que hay adoptan look de blancas para triunfar. Así Paulina Rubio, Thalía y Camila Sodi, Yuri. El teñidismo sobrepasa las fronteras del continente. El ser güera de a mentis toca a Shakira, a Jennifer López y hasta a la transgresora Jenny Rivera. &lt;br /&gt;Entre los mexicanos se establece “clase” aludiendo a la ascendencia francesa o alemana; viajando a Europa; renegando de cualquier nexo posible con el mundo multirracial.&lt;br /&gt;No hay mexicano que no se ofenda cuando le llamas racista, no obstante le hagas ver la realidad y tradición aquí descritas. Fox no puede ver, literalmente, por qué le exigen disculpa Jesse Jackson o Al Sharpton. Muchos habrá que al cabo de esta línea renieguen de mí, me tilden de malinchista, traidora, méndiga. Y el statu quo seguirá intocado aunque algunos se nos suba el color, de rabia o de vergüenza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-111990278157447379?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/111990278157447379/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=111990278157447379' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990278157447379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990278157447379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/06/color-coded-la-lacra-del-racismo.html' title='Color Coded. La lacra del racismo ancestral'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-111990304507401700</id><published>2005-06-08T13:07:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:25:14.823-08:00</updated><title type='text'>Muertas, maquilando progreso</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Este es apenas un retazo de realidad. Algunos nombres y poblados están cambiados porque lo mismo da, aunque existan en esta y otras geografías vetagrandes, norias, el triunfo, la realidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí y allá, mercedes, amparo, remedios, encarnación, angustias, dolores y a veces también Flor o Sol que hasta dan ganas de ponerles mayúscula.&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;¡Tus días están contados!&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Narra la historia, deformada siempre por su relator/historiador, que Ana Bolena fue reina mil días. Sin trono ni cabeza, se malpasa en la eternidad atrapada en el nodo de mujer controversial y transgresora… De reina, aterrizó a su muerte en un sarcófago del tamaño de una caja de zapatos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes que Ana de Inglaterra, o madre de Isabel I  -reina ella 45 años- se la recuerda por Ana de los mil días, que eso duró su fantasía de esposa de rey. El mismo hombre, que provocara un cisma religioso para legitimar su sitio, la destronó “oficialmente” por celos. En su legajo obraron cuatro amantes, incluido su hermano. Enrique, nos propinó ese mito de las siete esposas, cual ciclo de agravios y repudios. Desde entonces, hombre que no cambia a su mujer por otra, igualitito que en La parábola del trueque de Juan José Arreola, es un pobre diablo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero algo más nos propinó rey de siete esposas, vía su ruptura con las genealogías de otra infortunada, doña Catalina, el fundamentalismo del libre comercio –bautizado manufacturing- con su noria de muertas por anonimato letal entre las que nos contamos, a un lado y otro de la frontera; a un lado y otro de la muerte, todas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La industria maquiladora se convirtió en sueño anhelado de progreso. (¡Ay mi buen Henry!) Manufacturing -manos laboriosas-. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La maquila vacía al quehacer de su aspecto creativo. Las maquiladoras cosen, remachan, ensamblan, unen, pegan, cortan, acaban, pulen, lijan. Su modelo para México da empleo a las mujeres -sin hombres, padres, esposos, hijos, hermanos-, que partieron a Estados Unidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La mayor concentración de personas se da en el autobús&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Las maquiladoras, con su promesa de bonanza y autonomía, recorren su radio de acción un poco más y más lejos en la geografía. Las mujeres maquilan pantuflas, ropa interior, partes de lavadora, fibra, electrodomésticos, comida, maquinaria pesada, autos, muebles, equipo electrónico, cuero, textiles. La parte del león la llevan los textiles. La ropa se produce en México a casi el cien por ciento y luego, al norte de la frontera, se pega la etiqueta. De sol a sol, mientras el campo muere, florece el libre negocio de la maquila con sus ejércitos a sueldo bajo de manos esclavas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocí un poblado donde los únicos hombres a la vista eran el cura y el presidente municipal. El comisario ejidal se fue a Estados Unidos. Se habían ido también los ganaderos –se acabó la leche-, los comerciantes, los empleados federales –de correos, del tren, de los telégrafos-. Se fueron los maestros. La economía de la maquila golpea al trabajador por partida doble. Abarata el trabajo de los migrantes, en Estados Unidos, impidiéndoles volver, y fija los salarios bajos, bajísimos, en México. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Villanueva el sueño de la maquila llegó con la promesa de un centro comercial y un estacionamiento. Estos dos fracasaron, por falta de clientela, la maquiladora sigue en pie. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La de Genaro Codina, se instaló a las prisas en el auditorio municipal, mediante un crédito emergente. Cuándo ésta fracasó, las de Genaro –así se las refiere, en jerga local - se fueron pa’ Cuauhtémoc, donde otra empresa hizo su agosto con ellas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Genaro, un poblado de 8260 habitantes, dispersos en 65 comunidades de 811.1 kilómetros cuadrados, ve partir de mañana a sus trabajadoras. Las carreteras las ven pasar, al amanecer y al caer la tarde. Ninguna comunidad de Genaro sobrepasa las 120 personas. En el trayecto en autobús, se cuentan unas a otras. El temor latente es que algunas dejen de volver. Se van y no regresan –emigran o las asaltan o violan en los caminos desolados-. Un enigmático sentido de la honra impide su regreso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el municipio de Villa González Ortega el progreso se canceló el día en que se supo que sin agua no habría maquila. Las maquiladoras quieren ser prósperas y por eso son móviles, aparecen de día y desaparecen de noche. Así le ganó Aguascalientes, un estado de 5471 kilómetros y millón de habitantes, a Zacatecas, de más de 73 mil con su millón dos cientos, el lugar de los desarrollados. Los contrastes poblacionales sacuden, 182 a 13 por kilómetro cuadrado. Hay zonas, en Zacatecas, donde la mayor concentración de personas ocurre en los autobuses. La gente se sube al autobús y charla. Los choferes reparten a las personas, solícitos, en cada ranchería. Los saludan o despiden por su nombre. Cuando alguien de fuera aborda, todos lo identifican. De Fresnillo a Jerez me contaron que era la primera fuereña en meses. Antes anduvo un tal Luis por la zona. No dilató tres meses en acabársele el negocio de colchones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Nadie sabe para quien maquila&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;La maquila es industria de mujeres, aunque se empleen algunos hombres. Trabajan para jefe extranjero, que viene de vez en cuando. Apenas si se rumora lo que hacen, literalmente, no se sabe para quien, para quienes se trabaja. En Las mercedes, me dijeron que se fabrica la ropa de una tienda de marca muy sonada. La tal firma, que condona las prácticas separatistas de California, está instalada en ese y otros puntos  remotos de la florida sierra madre. Por fuera se cultiva algodón, se hace telar, se arma pedazos… Un poblado cose mangas, otro pone botones. Por el rumbo de Vetagrande se rellenan pantuflas.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estocada la entierra la elite corrupta que nos saqueó el progreso. Martita resuelve sus problemas de moda y apariencia en Estados Unidos o en Europa, a valor agregado de primer mundo. Lo que se merma a manos y municipios de México, ella lo pone con nuestros impuestos sobre el producto acabado con etiqueta Hermès, Chanel, Prada, Versace,  llevado para Martha, desde las maquiladoras serranas o semi-desérticas, pasando por New York, Paris, Miami, hasta las butiques de Polanco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Me lo traje del otro lado” juran las señoritas rubias de la ciudad de México que compran en Rodeo o Rancho Fairbanks”. Minimizan su roce de producción nacional dándoselas de socialité internacional. “Me fui de compras”, fanfarronean los políticos de pueblo, de gran urbe, los nuevos, los de siempre. Todos, parejos, pasan de largo esta realidad de manos laboriosas al uso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Marthas zamoranas compran en Gap, Banana Republic, Anne Taylor, Talbot. “Fuchi a las sandalias de León…” Ellas calzan Nine West, Bandolino, Guess, ensamblados en México a encargo de franquicia. A las de la maquila ni se les nota ni se les da las gracias; es invisible su trabajo, como invisibles son sus vidas de expósitas -de padre ausente y madre maquiladora-. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los grandes diseñadores cobran y las mujeres mexicanas maquilan. Los altocostureros –haut couturier- son famosos y las mujeres mexicanas maquilan. Maquilan y maquilan, hasta su muerte. Que sólo la muerte las separa de la máquina a la que viven aferradas sueldo fijo y mínimo, muertas vivas, invisibles, resueltas en su muerte invisible desde que las abandonó el marido, el padre, el hermano, el novio, el hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Casos resueltos&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Tiene razón Vicente. Nuestros casos y vida de muertas están resueltos. Somos las de la noria infinita trazada a cartas vistas. Resuelto el abuso porque la ley ni siquiera lo contempla, o lo contempla a pena leve, que es peor que el mismo abuso. Resuelta la violencia doméstica. Resuelto el éxodo, el campo muerto y muertas nosotras de tanto estar resueltas a morir de miedo, de asalto, de secuestro, de bala perdida, de violación con estrangulamiento. Resueltas las vidas de maquiladoras, sin apellido, ni nombre, ni marca, ni antigüedad. Señorita expósita cose pantuflas para no sé que fábrica. Por la tarde acabala la renta vendiendo en el multinivel -primo hermanito de maquila, empresario también, y de altos vuelos- para quien vende lo mismo que maquila, otra vez, sin sospechar, ni para quién trabaja… les vende a sus hermanas, vecinas, primas, amigas, comadres, tías, clientas de La Noria, La Blanca, El Aguadal, El Potrero de Abajo… sus compañeras de maquila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Primer colofón&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Para Jorge Ibarguengoitia, maestro del humor, la frontera entre realidad y ficción no existía. Murió convencido de que la mejor novela, el libreto más original, la más espléndida pieza dramática se hacían a diario por personajes vivos, comunes y corrientes -nuestros vecinos, nuestros colegas, nosotros mismos, de protagonistas o extras, de maestros del espectáculo real o el real espectáculo-. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se adelantó este genio a la industria global que hoy nos pone en pantalla. Sin ganancia de por medio, hace ya tiempo nos invitó a mirarnos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Segundo colofón&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;¡Adivinaste! Este texto debió titularse Las muertas, a secas, como aquella novela excepcional, que  recogió el caso de las poquianchis, tres hermanas cuya  red de prostitución, tan eficiente, logró su ocultamiento, casi total. Las jóvenes que ellas explotaban desaparecían, como tragadas por una dimensión desconocida. Sus cadáveres, se esfumaban también. Por años consiguieron burlar a la justicia, a la prensa, al recuerdo. El caso estremeció, en 1964, sobre todo, a quienes lo tuvieron cerca, sin mirar. A quienes se manejaron a su alrededor, avasallados por su contundencia, como si no pasara nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tercer colofón&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Así transcurre el tiempo,  en mesa larga. Amparito, mi anfitriona cuando me da por visitar la ciudad de México, donde crecí, colocó al Santo Niño de Atocha en su cabecera, donde hace años mandó el que fuera señor de carne y hueso de su casa. Y Santo Niño, lirondo, preside sus comidas, se come el mejor trozo de pan, se apoltrona de rey de fe entre las solitarias mujeres que pueblan cada casa. Manos sin alma como ánimas en pena, cuerpos sin nombre…muertas, maquilando ilusiones, maquilando progreso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-111990304507401700?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/111990304507401700/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=111990304507401700' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990304507401700'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990304507401700'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/06/muertas-maquilando-progreso.html' title='Muertas, maquilando progreso'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13982944.post-111990239507263208</id><published>2005-05-31T12:57:00.000-07:00</published><updated>2006-01-20T01:25:40.480-08:00</updated><title type='text'>Mula de Troya</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;por María Dolores Bolívar&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;La nominación de Maria full of grace (2004) al oscar a la mejor actriz tiende un nuevo puente entre el mainstream y el resto de América. Con el tema, nada light, del narcotráfico, la protagonista debutante Catalina Sandino hace caminito, cual terca mula o caballito de Troya, en la conciencia del estadounidense promedio.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María, llena eres de gracia (Maria full of grace) es un grito al vacío llamado “globalidad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su director, el sur californio Joshua Marston,  ha conseguido hacer conciencia en el mainstream, de ello da cuenta la nominación de Catalina Sandino para el oscar a la mejor actriz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero reflexionemos acerca de lo que deja la cinta, contra la densa niebla –¿corrupción?- que permite que opere, a sus anchas, el comercio multimillonario ilegal de drogas, personas, órganos, mercancías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subyace al libre tráfico que supera con creces los dividendos nada más prometidos por el libre comercio la más sobrecogedora pobreza. O así parece a quienes no logramos percibir la bonanza que los economistas creen ver en la globalidad. Ese tráfico, sostenido por la condición “corrompible” de casi todos, ofrece datos contundentes. En el negocio de flores, donde María Álvarez y su amiga Blanca, desespinan rosas del alba al anochecer, el salario es de 9 mil quinientos pesos colombianos  por quincena –una hora en Estados Unidos-. De mulas, las chicas obtienen siete u ocho mil dólares, mucho más de diez millones de pesos colombianos. “¿Se da cuenta, María? Con eso puedo comprarle una casa a mi familia…”, dice Blanca, para justificar su primer viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El afán resistente de la mula&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy por hoy, la fatalidad mortal de las transnacionales y las maquiladoras –ligadas a la tragedia múltiple de “las muertas de Juárez”- perpetúa una realidad de mercados desiguales donde unos ofertan mano de obra y materia prima a precios ínfimos, para que otros transformen y consuman eso que se convierte en lujos deslumbrantes, como los autos de más de cinco plazas o la droga que adquiere, al otro lado, plusvalía inimaginable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a Marston, Sandino ve desarrollarse lo que ya es un milagro visual insólito. La joven tímida, seria –los colombianos dirían serísima- y de pocas palabras; la chica que uno encuentra en cualquier punto de Bogotá, más que mula, es caballito de Troya, que introduce a la conciencia estadounidense, no las seis decenas de pepas –paquetitos-depositadas en el estómago de su personaje, sino una rebanada de aquel mundo sin esperanzas, donde el horizonte es apenas la rendija entre un par de varillas expuestas contra el cielo; donde no hay más seguridad que el techo endeble que acoge a diez personas, como en el caso de su novio en el libreto, Juan… igualitito que en aquella sórdida realidad llevada por Oscar Lewis a Los hijos de Sánchez (1961) o a Los Olvidados (1950), por Luis Buñuel. ¡Nada ha cambiado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Mi vida está pendiente de una rosa porque es hermosa aunque tenga espinas&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el poblado de María Álvarez vemos cualquier comunidad rural de menos de 10 mil habitantes, en remota soledad y espantosa dependencia. Franklin es el enchufe, el contacto maldito, el guía hacia “eso” que vibra en Nueva York, con apenas “un camellito” de por medio que se gana arriesgando nada menos que la vida o la libertad. &lt;br /&gt;Sin Franklin,  la vida es esa rutina que inicia en el autobús, de madrugada, y termina en el baile del único bar, con el alcohol de antídoto de supervivencia. &lt;br /&gt;Sin Franklin, la vida es ver nacer hijos y repetir, como la hermana, la madre y la abuela “lo que le toca”. &lt;br /&gt;En su cinismo aparente, Franklin encarna los contrastes, todo o nada, condena o salvación. Solo que ni él ni las muchachas con quienes trata son capaces de distinguir entre condena o salvación, todo o nada. &lt;br /&gt;No puede ser todo, no obstante la nostalgia con que lo evoca, el pueblecito natal de Franklin, Santa Rosa de Cabal, con tan solo dos balnearios de aguas termales, para ricos. &lt;br /&gt;No puede ser todo, aunque la madre de María insista en que es decente, pasar la vida limpiando rosas con apenas lo indispensable para comer pan o auto recetarse remedios y agüitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Mejor mula que puta&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No sé si la prefiero mula que puta…”, me dijo un compañero de trabajo cuando le comenté que la película había calado hondo. Quizás tenga razón y fuese más sórdido el que la joven se diese a la prostitución. &lt;br /&gt;What other choices were there? Me preguntó un alumno. Y todos, en el diálogo, nos lamentamos de las trágicas alternativas a la vista.&lt;br /&gt;En todo caso, la deshumanización del vientre, de la digestión, del embarazo, no dejan de ser degradantes. María y Blanca lo constatan al ver a su amiga Lucy, desechada a su muerte cual envase vacío que va a dar al basurero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En el reino de las metáforas&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque haya también caballos mestizos nacidos en el continente americano y curtidos por las distancias y la carga de sus vidas de reos animales, son las mulas el símbolo de la conquista y de la sumisión que impone la pobreza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mula, cruce de burro con caballo, es el híbrido, bastardo o bastarda del reino animal. El mulo, alegoría de la resistencia, asumió en América el femenino –mula- para significar terquedad. “¡Qué mula!” -dicen de quien es mala entraña-, “terco cuál mula” –degradan la voluntad-, ¡No era arisca la mula! –se tilda al irreverente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya lo adivina, no es casual que se nombre mulas a los humanos que cargan en la cavidad oculta de sus entrañas la mercancía prohibida del próspero narco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Mula fértil, llena de gracia&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el reino animal las mulas alcanzan una edad promedio de veinte años. Su vida de trabajo es casi tan larga como el tiempo en que viven. Algunas empiezan a trabajar a los tres años. En la zona andina o en las regiones serranas de México, la mula sobrevive por la tenacidad que le falta al caballo. Con gran estabilidad se sostiene entre los peñascos y los desfiladeros. Su habilidad de carga no tiene equivalente. Transporta 150 kilogramos de una sola vez y es capaz de recorrer hasta cien kilómetros en un mismo viaje. Nunca se pierde. Un último dato, las mulas son estériles. En cada ejemplar de su especie concluye su genealogía, sometidas a la diáspora ritual del camino que termina con su muerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el final de la película es una monedita al aire para las menos predecibles mulas humanas, cruce de humano con humana. María se queda en Estados Unidos, a donde entró de milagro, gracias al embarazo que la libró de someterse a los rayos equis. Lo que nos lleva a un tema digno de un futuro texto. ¿Es la migración, la única tabla de salvación? Con esa interrogante nos quedamos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13982944-111990239507263208?l=mariadbolivar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/feeds/111990239507263208/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13982944&amp;postID=111990239507263208' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990239507263208'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13982944/posts/default/111990239507263208'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariadbolivar.blogspot.com/2005/05/mula-de-troya.html' title='Mula de Troya'/><author><name>María Dolores Bolívar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02836462663842286487</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='30' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_CUM_sJBgCHk/SwwqjuUT29I/AAAAAAAAACA/l5kwBr5Nnao/S220/MDB.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
